EL AGRADECIMIENTO justificado y la conformidad con los designios de la Providencia son sin duda virtudes admirables.

En esta campaña electoral todo parece indicar que el doctor Pesquera será el candidato del agradecimiento, y la señora Calderón será la portaestandarte de la conformidad. En el caso del primero, sin embargo, el agradecimiento se torna en sumisión, y en el de la segunda la conformidad se convierte en parálisis.

El doctor Pesquera se inauguró como candidato a la gobernación con su discurso frente al Capitolio en ocasión del día de la ciudadanía americana, en el que retoma el discurso de postración ante los Estados Unidos que el movimiento anexionista parecía haber descartado hace muchos años. La última década en particular se había caracterizado por un anexionismo exigente que denunciaba el colonialismo existente como violatorio de los derechos civiles, reclamaba el vernáculo como no negociable y censuraba agriamente la inacción congresional respecto al status.

El discurso del doctor Pesquera representa un retroceso y una involución de ese anexionismo militante y su sustitución por la vieja retórica del pitiyanquismo, tan desacreditado en Puerto Rico. Este giro hacia la docilidad tiene una explicación de coyuntura, pero sus raíces son más profundas.

La explicación de coyuntura es evidente. El desarrollo del tema de Vieques en Puerto Rico que ha llevado a la inmensa mayoría de los puertorriqueños a repudiar la presencia de la Marina, a oponerse tenazmente a la reanudación del bombardeo, y a mostrarse solidarios con los que estamos ejercitando la desobediencia civil, ha llenado de temor al nuevo liderato del PNP. No sólo se ha expandido y profundizado la conciencia nacional puertorriqueña con esta confrontación con la Marina y el presidente Clinton, sino que esta identificación del pueblo con los intereses de Puerto Rico por encima de cualquier "lealtad" u "obligación" a los Estados Unidos ha tenido un enorme impacto en Washington y en la opinión pública norteamericana. Ha servido de recordatorio de que -como señalara un buen amigo- Puerto Rico es un donante no compatible con el organismo unitario de los Estados Unidos de América.

La mala noticia para los anexionistas no es solamente que sea esa la imagen que se ha proyectado en los Estados Unidos sino, aun peor, que esa imagen refleja la realidad de nuestro pueblo. Tratando de tapar ese cielo con su mano, el doctor Pesquera intenta ahora "corregir" esa imagen haciendo suya la caricatura del puertorriqueño agradecido que tan grotesca pero certeramente representa el personaje ficticio de don Eleuterio.

La raíz de esta desesperación ante la realidad, sin embargo, tiene sus orígenes inmediatos en los golpes que recibió la estadidad en los procesos congresionales iniciados tanto por el senador Johnston como -más recientemente- por el representante Young.

Lo preocupante del recalentado discurso del agradecimiento radica en que constituye un anticipo de que la nueva era del doctor Pesquera habría de caracterizarse por un total detente en lo que se refiere al tema de la descolonización de Puerto Rico. La combatividad de los estadistas frente al Congreso ha pasado a mejor vida. El agradecimiento del doctor Pesquera habrá de convertirse, pues, en un refuerzo a la colonia.

En este tema tampoco puede hallarse consuelo alguno en la conformidad de la señora Calderón. Ante la hostilidad creciente en los Estados Unidos frente a la idea de la estadidad para Puerto Rico, la presidenta del PPD parece tener sus miras puestas en ofrecer al ELA colonial como la solución a la ansiedad congresional. Ella ofrece el retorno a la "normalidad" colonial como alternativa a confrontar a los Estados Unidos con su obligación de descolonizar a Puerto Rico. Se trata pues de otra versión del puertorriqueño dócil. Atrás quedaron los momentos en que el entonces gobernador Rafael Hernández Colón al menos intentó poner en marcha un proceso que llevara al Congreso a deliberar sobre el status de Puerto Rico. La señora Calderón, al decir que el status se resolvió en 1952, parece querer decirle al Congreso "conmigo no tendrán que preocuparse porque yo no vengo a menear el bote". Ella está conforme.

El gran reto que tiene ante sí nuestro pueblo de cara a noviembre y al próximo cuatrienio es el de no tolerar la ruta del inmovilismo colonial a la cual conducen tanto el agradecimiento del doctor Pesquera como la conformidad de la señora Calderón. En un momento cuando hay más conciencia que nunca en Puerto Rico y en los Estados Unidos de la necesidad de descolonizar a Puerto Rico, sería una costosa tragedia que la timidez de espíritu y el inmediatismo político de algunos líderes impidiera que nuestro pueblo pueda manifestar efectivamente su rechazo a la continuación del coloniaje.