HACE MAS de dos mil años Tucídides describió así la realidad de su época: "Las grandes naciones hacen lo que les place, mientras las pequeñas aceptan lo que tienen que aceptar".

A través de los siglos esa ley de la jungla ha sido norma. Por eso, cuando apenas comienza el que aspira a ser el siglo de los derechos humanos, los puertorriqueños debemos sentirnos orgullosos de poder, en Vieques, desmentir la fatalidad de ese axioma.

Se cumple pasado mañana un año desde que despedimos en el cementerio de Vieques a "Minguita", luchadora por la paz en Vieques y la libertad dePuerto Rico, víctima del cáncer casi epidémico, y desde la muerte de David Sanes, empleado civil de la Marina, víctima de una bomba de la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Luego de más de once meses en esta playa, puedo decir con satisfacción que el sacrificio y la perseverancia de los viequenses, la voluntad de nuestro pueblo y la desobediencia civil han logrado lo que parecía imposible: un año de paz en Vieques.

Cada día sin bombardeo es un triunfo acumulativo, un paso que no se puede desandar. Queda mucho por hacer, pero los días de la Marina están contados. Es cuestión de cómo y cuándo.

La administración del presidente Clinton podría continuar por el camino ya trazado y poner en vigor las directrices presidenciales que, aunque insuficientes y abusivas, son ya una concesión forzada a las demandas de nuestro pueblo. Las mismas disponen para un referéndum en Vieques sobre la permanencia de la Marina con bombardeo de bala inerte por tres años, o indefinidamente con bala viva. Pero ese curso de acción también conlleva como paso previo e indispensable los arrestos y sus potenciales repercusiones, un costo político que Clinton no ha estado dispuesto a pagar hasta ahora. Intentar evitar los arrestos limitándose a desalojar sería inútil y contraproducente para la Marina, pues sólo lograría aplazarlos, para cuando tengan mayor resonancia con nuestro retorno.

Si ante esa realidad el Presidente decide no arrestar, esa decisión -que de por sí sería una conquista- podría tener además consecuencias ulteriores muy positivas para la causa de Vieques. Si no hay arrestos para mayo (para cuando todavía están oficialmente pautadas las próximas maniobras), con toda probabilidad no los habrá en lo que resta de este cuatrienio. Después de mayo, las repercusiones de los arrestos en el voto hispano en los Estados Unidos, y particularmente en el voto puertorriqueño, podrían ser muy adversas.

Las autoridades federales han informado de que en la Semana Santa no habrá arrestos. Por lo tanto, tendrían que efectuarse entre el Domingo de Resurrección y finales de mayo. En junio ya las elecciones en los Estados Unidos estarían muy cerca. Más aún, el 11 de junio se celebra el Desfile
Puertorriqueño en Nueva York, y arrestar poco antes de ese día sería una peligrosa provocación. Después de noviembre, Clinton no tendría por qué empañar su imagen al final de su mandato.

A la luz de lo anterior, no debe extrañar que, antes de terminar su mandato, el presidente Clinton enmiende o revalúe en su aplicación sus propias directrices; como tampoco, de no hacerlo, que advenga una nueva administración en Estados Unidos sin que en Vieques se hayan efectuado ni arrestos ni bombardeos.

De no haber actuado Clinton, el presidente entrante podría implantar las actuales directrices, que ambos candidatos alegan respaldar. Pero si el pueblo puertorriqueño se mantiene firme, se abriría la posibilidad de una revaluación por parte del nuevo presidente a la luz de las nuevas circunstancias. Esa revaluación podría llevar incluso a la retirada de la Marina sin arrestos, ni referéndum ni bombardeos. Luego de un año y medio de paz, se habrá creado una nueva realidad, se habrá cuajado una nueva conciencia. Sería entonces totalmente insostenible la teoría de que Vieques es necesario para la defensa de los Estados Unidos. Más aún, para que la Marina se retire sin humillaciones -condición para ellos muy importante- podría utilizarse como pretexto la evidencia científica ambiental y de salud disponible en ese momento.

Pero independientemente del resultado de una revisión presidencial postelectoral, ésta dependerá fundamentalmente de quién es el nuevo presidente, de la correlación de fuerzas en Puerto Rico con posterioridad a las elecciones y del mensaje que los electores puertorriqueños envíen con su voto a los Estados Unidos con respecto a Vieques. En todo caso, a menos que cambien drásticamente las condiciones, con o sin arrestos, la permanencia y el abuso de la Marina en Vieques se acerca a su fin. Si nos arrestan, pierden; si no nos arrestan, ganamos.

Esa fe en la victoria de Vieques se asienta no sólo en la justicia de la causa, sino también en una apreciación equilibrada de la realidad. Hay que recordar que "los hombres hacen su propia historia, pero bajo condiciones dadas e impuestas". Afortunadamente, las condiciones han sido propicias. Vieques, aunque útil, no es imprescindible para la defensa de los Estados Unidos. Pero esa realidad reconocida ahora hasta por el propio Presidente- no hubiera bastado para desencadenar los acontecimientos del último año. Fue necesario añadir la voluntad de nuestro pueblo y la desobediencia civil para convertirnos en artífices de nuestra propia historia.

Conjugados ambos factores, no está lejano el día en que el bombardeo cese para siempre y en que la Marina se retire de Vieques. Será un triunfo histórico y trascendental. Sin embargo, para un número importante pero menguante en el Gobierno de Estados Unidos -aun a esta altura de la historia- lo importante es la posesión del "solar" a la entrada de la ruta marítima comercial del Caribe; "dejar en reserva para uso futuro (mothball) la parte este de Vieques hasta que llegue una nueva generación de políticos", en palabras de un senador norteamericano. Descontinuar el uso abusivo de las tierras y acabar con los bombardeos y maniobras, marginando por lo pronto a la Marina, es un precio que los Estados Unidos, ante el problema de Vieques, estaría dispuesto a pagar.

POR REGLA general, en el proceso político, si se controlan las variables, la racionalidad tiende a imponerse. En el caso de Vieques, donde los Estados Unidos controlan prácticamente todas -menos la voluntad de nuestro pueblo y la desobediencia civil- la racionalidad señala hacia el cese del bombardeo, una salida "elegante" para la Marina y un proceso más extenso respecto a la titularidad y posesión de los terrenos.

Quizás haya que trasladarse de estas playas a una cárcel con rejas o esperar un tiempo más o menos prolongado. Pero si no bajamos la guardia y mantenemos la presión, prevaleceremos. Por ese camino, hacia ahí, va Vieques.