rubenberrios 1DECIA JOSE Martí que la libertad había que pagarla a su justo precio. En la lucha por sacar a la Marina de Vieques, han sido muchos los que ya han abonado a la cuenta de la libertad de la Isla Nena, principalmente los viequenses mismos, quienes han dado tantas muestras fehacientes de perseverancia y heroísmo cívico. Ha habido, incluso, puertorriqueños, como Angel Rodríguez Cristóbal, que han pagado con su vida.

El miércoles pasado fui arrestado, junto con el compañero Jorge Fernández Porto, por reingresar a la zona prohibida de la Marina en Vieques. La fiscalía decidió formular cargos por la comisión del delito de entrada ilegal, que acarrea sentencias de hasta seis meses de encarcelación.

Al ser traídos ante un magistrado federal, afirmamos que no reconocíamos la jurisdicción del Tribunal de los Estados Unidos en Puerto Rico, y que si el Tribunal ordenaba ponernos en libertad provisional con antelación al juicio, rechazaríamos -como rechazamos a través de nuestro abogado- cualquier condición que impusiera el magistrado.

Es tan grave la bancarrota moral del Gobierno federal en este caso, que procedió a liberarnos a pesar de nuestro repudio y nuestro desafío. El temor a generar una mayor indignación pública con una decisión de ingresarnos ese mismo día en la cárcel -como correspondía en estricto derecho- los obligó a posponer el trago amargo hasta que concluya el juicio. Esto constituye una gran victoria para la causa de Vieques, porque revela con todo dramatismo cómo el poder represivo del Gobierno se convierte en un muñeco de trapo ante la combinación de la fuerza moral de la desobediencia civil pacífica con el apoyo y la solidaridad del pueblo.

El corolario de la frase de Martí sobre el precio de la libertad es que quien pretenda oprimir y tiranizar también tiene que estar dispuesto a pagar un precio por hacerlo. El pueblo de Vieques con su militancia constante; el liderato religioso con su reclamo de exigencia moral; los puertorriqueños que han marchado y protestado; y todos los que en las playas de Vieques hemos desafiado a la Marina hemos ido aumentándole el precio al Gobierno de los Estados Unidos de continuar sus abusos en Vieques. La impotencia mostrada durante todo un año sin atreverse a intervenir fue la primera prueba de ello. Igualmente, lo fue la decisión inicial de desalojar sin radicar cargos, y la de ponernos a Jorge y a mí en libertad provisional a pesar de que rehusamos aceptar las condiciones que impuso el Tribunal Federal.

La próxima prueba será el juicio en el Tribunal y la imposición de las penas. Si nos imponen penas mínimas, ello será la prueba final de que el Gobierno federal no se siente con la fuerza moral y política de hacer lo necesario para imponer su voluntad antidemocrática en Vieques, abriendo el camino para que miles de puertorriqueños penetren en los terrenos restringidos e imposibilitando a la Marina el poder llevar a cabo sus ejercicios militares. Si nos imponen sentencias mayores, se intensificará aún más la indignación de nuestro pueblo y quedará sumido el Gobierno federal en Puerto Rico -y ante el mundo- en el más profundo descrédito, objeto del desprecio y el repudio de los que en todo el planeta defienden los derechos humanos. De más está decir que el Partido Independentista Puertorriqueño decidirá las estrategias que habrá de seguir tanto antes como después del juicio, teniendo como único criterio para su decisión el adelanto de la causa de Vieques.

Está por verse si el presidente Clinton en los últimos meses de su mandato está dispuesto a convertirse en el carcelero de los que en las playas de Vieques hemos representado la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo. Si lo hace, pierde; y si no lo hace, ganamos.

Al contribuir con nuestra cuota del precio por la libertad de los viequenses en su propia tierra, obligamos al Gobierno de los Estados Unidos a ponerle precio público y notorio a su despotismo en Vieques y a poner al descubierto, en toda su crudeza antidemocrática, el colonialismo imperante en Puerto Rico. En cualquier caso, el triunfo final está asegurado.