LA CRISIS provocada por el enfrentamiento de la arrogancia prepotente de la Marina y del Gobierno de los Estados Unidos con el reclamo de paz y la exigencia de respeto a nuestra voluntad como pueblo con relación a Vieques ha generado efectos fundamentales tanto en el ámbito internacional como en la opinión pública en Estados Unidos y en Puerto Rico.

La semana pasada la Internacional de los partidos social demócratas -la más antigua e influyente agrupación de partidos en el mundo- hizo pública su posición ante los recientes desalojos y arrestos en Vieques. No era de extrañarse que la Internacional -compuesta por más de 150 partidos en todos los continentes, incluyendo los partidos en el poder en once de los quince países de la Unión Europea- expresara su solidaridad ante el arresto de este servidor quien fue electo Presidente Honorario de dicha organización el pasado noviembre en París. Lo que es más significativo y sin precedente es que la Internacional rechazara las directrices del presidente Clinton y que insistiera en el cumplimiento de la Resolución del Comité de Descolonización de Naciones Unidas de julio pasado en la que se requiere el cese inmediato y permanente de las maniobras militares en Vieques.

Basta tener en mente que son miembros prominentes y decisivos de la Internacional y de su dirección los actuales primeros ministros de Francia, Gran Bretaña, Italia, Portugal, Alemania e Israel, entre otros, para comprender el significado pleno de este nuevo desarrollo que tiene como consecuencia aislar al Gobierno de los Estados Unidos de sus principales aliados militares en lo que al tema de Vieques se refiere.

En la América Latina, la solidaridad ha sido total y se ha manifestado de diversas maneras; desde la denuncia hecha pública por la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal) hasta la manifestación llevada a cabo frente a la Embajada de los Estados Unidos en Quito, Ecuador, por la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (ALDHU), y la resolución unánime aprobada por el Congreso de Panamá exigiendo la salida de la Marina de Vieques.

Estos desarrollos, sin duda, habrán de aumentar la presión sobre el Gobierno de los Estados Unidos para que se haga realidad -con el apoyo del pueblo a la desobediencia civil- el objetivo fundamental de lograr la paz inmediata y definitiva en Vieques.

Con este trasfondo internacional, y ante el hecho irrefutable de que el pueblo de Puerto Rico se ha mantenido firme en su reclamo frente a las manipulaciones del Presidente y de la Marina, se fortalece en los Estados Unidos la toma de conciencia no sólo de que Puerto Rico reclama y exige sus derechos como nación, sino que en el fondo de la crisis está el desenmascaramiento de una relación colonial que se ha vuelto insostenible de cara al siglo XXI.

Esa toma de conciencia es aun más fuerte en Puerto Rico. La creciente irrelevancia pública de gran parte de los contenidos de campaña de los portavoces máximos del PNP y del PPD es síntoma de ello. El país sabe que vivimos un momento decisivo y crítico de nuestra historia, pero estos líderes parecen vivir en otro mundo donde el tema de Vieques es secundario y coyuntural; es como si la crisis de Vieques no encerrara para ellos lección alguna o careciera de impacto en su visión y su agenda para el futuro.

Contrasta con esa timorata indiferencia la luminosidad espiritual tan auténticamente representativa de la mayoría de nuestro pueblo- de la decisión de la juez federal Carmen Vargas de Cerezo, quien, en una decisión sin precedente, se inhibió de enjuiciarme por razones de conciencia moral.

Contrario a lo que algunos querrían, en el mundo, en los Estados Unidos y en Puerto Rico, el drama trágico de Vieques y de la indefensión de nuestro pueblo sí ha calado. Más temprano que tarde la justicia y la razón habrán de prevalecer.