LA LUCHA por la independencia de Puerto Rico ha sido una de las más complejas y difíciles en este llamado siglo de la descolonización. Le decía recientemente un prominente líder mundial a un dirigente puertorriqueño: "La lucha de ustedes es sólo comparable a la de los palestinos"; así de difícil.

No es extraño que así sea. Puerto Rico es colonia de la mayor potencia económica y militar del siglo XX, los Estados Unidos. Más aún, la disparidad de fuerzas entre una colonia de seis millones de puertorriqueños (cuatro aquí y dos en la diáspora) y una metrópoli de 250 millones de habitantes hace lo difícil más difícil aún.

No me canso de repetir que lo sorprendente de Puerto Rico no es que todavía seamos colonia, sino que todavía seamos puertorriqueños, latinoamericanos. La mera existencia de un movimiento independentista vibrante, consecuente y respetado constituye una proeza. Particularmente cuando los Estados Unidos tiene recursos de sobra para sobornar conciencias y poder de más para reprimir. No es tarea fácil predicar la independencia en un país que vive de la dependencia.

Ante esas realidades es natural que hombres y mujeres honestos discrepen en cuanto a cómo hacer realidad nuestra soberanía nacional. Aún los patriotas más nobles y desinteresados, como don Pedro Albizu Campos y don Gilberto Concepción de Gracia, tuvieron profundas discrepancias.

En ese contexto deben entenderse las diferencias entre los independentistas durante las últimas décadas; las de método, las de teoría política, las de forma y las de fondo. Sin olvidar además que los independentistas no estamos exentos de las debilidades humanas y padecemos las mismas limitaciones que otros.

Con el paso del tiempo y ante esas realidades nos vamos dando cuenta de que al fin y al cabo nadie acierta todo el tiempo ni se equivoca siempre; que unos más y otros menos, todos los independentistas tenemos una contribución que hacer. Eso sin negar que existen y existirán diferencias legítimas y que la diversidad, unida al respeto, constituye uno de los mayores haberes de nuestra lucha.

Durante mi estadía en Vieques y luego de los arrestos -dentro de las limitaciones que me ha impuesto mi convalecencia- he comenzado personalmente y a través de otros compañeros, a dialogar con varios líderes independentistas entre los cuales están Lolita Lebrón, Juan Mari Brás, Carlos Gallisá y Noel Colón Martínez. Espero reunirme también con otros compañeros y compañeras, sin necesidad de "quid pro quo" (esto por aquello) y sin otras pretensiones que no sean las de compartir nuestras respectivas visiones e ir ampliando el clima de respeto y cordialidad que se ha profundizado a través de la lucha por la paz en Vieques.

Todos debemos estar sumamente satisfechos de que se haya iniciado una nueva etapa de relaciones entre independentistas. La lucha por Vieques, la ONU, unas próximas elecciones que contribuirán a definir el rumbo futuro de la   lucha por nuestra libertad y el impulso (anterior y posterior a las elecciones) hacia una Constituyente son instancias que nos permitirán a todos, respetando nuestras legítimas diferencias, construir sobre nuestra común fe patriótica.