TODAVIA PERMANECEN en la cárcel federal docenas de compañeros. Algunos llevan allí casi un mes.

Nunca antes persona alguna ha estado encarcelada en la penitenciaría federal en Puerto Rico por delitos menos graves de esta naturaleza. Es que el Tribunal Federal ya no guarda ni las apariencias. Se ha convertido en el instrumento de represión de la Marina hasta el punto que anuncia públicamente la importación de cuatro fiscales de ese cuerpo militar para ayudarlo en su vergonzosa faena.

Pero cada noche tiene su madrugada. La cárcel, cuando se sufre por la paz, la libertad y la justicia, deshonra a los carceleros y ennoblece a los prisioneros. Nada lo testimonia mejor que las cartas escritas desde la cárcel por la compañera Felícita Cotto, de Aguas Buenas; el compañero Heriberto Marín, de Jayuya, y el compañero Arnaldo González, de San Juan. Mucho se ha dicho desde acá afuera sobre los compañeros y compañeras encarcelados, pero poco han podido decir ellos mismos. Recojo en este artículo parte de las cartas de los tres compañeros, que son representativos de las tres generaciones de miembros del PIP que han sufrido cárcel. Heriberto, de la generación que comenzó a luchar por la independencia a finales de los años 40, padeció cárcel por nueve años en los 50. Fela, de la generación intermedia, que comenzó su lucha en los años 70, es miembro de la Comisión Política del PIP y candidata a alcaldesa de su pueblo. Arnaldo es un joven, miembro de la generación de las computadoras y los "pubs", candidato a asambleísta por San Juan.

Más allá de esas diferencias generacionales, une a los compañeros un amor sin límite a nuestra patria y su libertad y a la lucha por la paz en Vieques. Sus palabras, sencillas y profundas, deben hacernos sentir a todos orgullosos de ser puertorriqueños.

Me escribe Arnaldo el 19 de julio: "Jamás imaginé que estaría sentado en una celda reflexionando, escribiendo y mucho menos compartiendo estos momentos con tantos patriotas. Estos primeros veinte días han servido para convencerme de que nuestro partido ha producido una generación de nuevos líderes capaces de continuar la gesta histórica del Partido Independentista.

Día tras día repasamos la importancia de mantenernos firmes sin claudicar.

Hacemos lo que hacemos porque creemos en nuestra responsabilidad moral como seres humanos y como puertorriqueños. Responsabilidad que se manifiesta en nuestra lealtad al instrumento de lucha.

En esta cárcel no hay golondrinas (como en la que usted estuvo en el 1970), pero sí hay ventanas desde dónde podemos ver y saludar a nuestros familiares y amigos. Un pequeño saludo que por lo general pasaría como un gesto cotidiano y ahora para nosotros es señal de apoyo, señal de que no estamos solos (y mucho menos presos) y de que el trabajo se está haciendo.

"No existe mayor satisfacción que la de tener la oportunidad de luchar por la independencia de la patria".

Fela dice en su carta del 15 de julio: "Escribo desde la cárcel federal, privada de mi libertad física por cumplir la Ley de la Patria ante el atropello y la agresión al hermano pueblo viequense. En estos momentos cruciales cada ciudadano puede aportar en alguna medida a la realización de la justicia. Unos tras las rejas mantenemos vivo el testimonio de que somos un pueblo que no claudica y que es capaz de entregar la vida misma en defensa de nuestros valores e ideales. Otros contribuyen de diversas maneras fuera de esta cárcel orando, educando, manteniendo viva la llama de la esperanza. Aquí, tras las rejas, en ocasiones esposados y encadenados de pies y manos, nos sentimos más libres que nunca en nuestro espíritu.

Dios clama por justicia. Seamos sus instrumentos".

Y Heriberto, el 17 de julio escribe: "Para mí es un honor compartir con unas compañeras y unos compañeros valiosos y, sobre todo, valientes, que padecen cárcel en estos momentos tan importantes en la historia de nuestra patria. Haber vivido 50 años atrás otro momento trascendental como fue la revolución de 1950, es algo que hay que agradecer a Dios, pues compartir experiencias con don Pedro Albizu Campos y ahora con Rubén Berríos es una bendición que el Sumo Creador me ha concedido.

Si cada uno de los puertorriqueños decidiera caminar de pie, sin titubeos ni vacilaciones, la libertad de Vieques y de Puerto Rico se daría mucho antes de lo que a veces pensamos. Para ustedes este pequeño poema escrito en la Cárcel de La Princesa el 1951 cuando estábamos presos en esa institución: "Yo he luchado hombro a hombro, mano a mano, pecho a pecho, por un pueblo que, en acecho sufre el rapto del tirano.

Y he sentido del hermano la puñalada certera cuando con la mano artera me diera en el corazón.

Porque él soñó una traición Y yo soñé una bandera".