Por Vieques el mundo sabe que el pueblo puertorriqueño sólo se arrodilla ante Dios.

Y los puertorriqueños saben, con mayor claridad que nunca, que la subordinación política de Puerto Rico a los Estados Unidos es el origen del problema de Vieques. Esa subordinación se conoce en Puerto Rico como el problema del status. Es consecuencia de las actitudes imperiales de los Estados Unidos, que consecuentemente ha negado los reclamos de puertorriqueños de todas las ideologías dirigidos a superar esa condición. Constituye una violación al más fundamental derecho humano de los pueblos, el derecho a la autodeterminación.

Vieques es la expresión más cruda del dominio político de los Estados Unidos sobre Puerto Rico.

No se puede pretender encubrir esas realidades: Vieques está inextricablemente unido al status y Vieques es esencialmente un problema político independientemente de sus otras ramificaciones.

Política viene de la palabra griega "polis", que quiere decir ciudad, y la política es el cuidado de la ciudad. Por eso el apóstol de Cuba, José Martí, decía que la política es el arte de hacer feliz a los hombres. Por eso todo puertorriqueño está en la obligación de cuidar a Puerto Rico, de hacer política por la paz en Vieques, ya sea desde una perspectiva ideológica, religiosa, de salud, ambiental o de cualquier otra índole.

Como problema político Vieques requiere de una solución política. Y eso es lo que ha estado sucediendo, aunque se quiera negar esa realidad.

Ha sido la presión política de nuestro pueblo (tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos, donde vive la mitad de nuestra población) lo que ha obligado a dos presidentes de los Estados Unidos, ambos políticos, a reconocer el derecho de Vieques a la paz. Más aún, Puerto Rico ya no está solo. Las fotos y las películas de los abusos de la Marina ya han recorrido el mundo. La presión política de importantes sectores de los Estados Unidos, América Latina y el mundo entero, se ha unido al reclamo de nuestro pueblo.

Gracias a los esfuerzos de muchos compatriotas de todos los partidos e ideologías, junto a la solidaridad internacional, la Marina en Vieques está herida de muerte. En verdad, esto ya se acabó; es cuestión de cómo y cuándo. Aún así, para que la Marina se vea forzada a retirarse de Vieques, hay que mantener la presión política constante; presión política y más presión política para que Vieques triunfe.

Y luego, inspirados con ese triunfo, rota la impotencia y Ilenos de esperanza, los puertorriqueños tenemos que persistir hasta superar de una vez y para siempre el angustioso problema de la subordinación política.

Vieques es la manifestación más cruda de ese problema. Porque esa subordinación es el origen que le da vida y visos de legalidad a los atropellos y a la violación de los derechos humanos individuales y colectivos que ha padecido Vieques por más de medio siglo.

Nuestros triunfos - desde la santidad y las bellas artes, hasta el deporte y la hermosura- no son hechos aislados, son manifestaciones de un pueblo maduro, orgulloso y consciente de su nacionalidad; y un pueblo así - que se ha enfrentado con la sola fuerza de la moral a la Marina más poderosa del mundo - no se va a conformar con vivir bajo un régimen de inferioridad política a la altura del siglo XXI.

Por eso he dicho: Ayer Lares, hoy Vieques, mañana Puerto Rico.

La inmensa mayoría de los puertorriqueños -no importa su afiliación ideológica incluyendo a los jueces y funcionarios de esta corte, conocen y aspiran a superar esa realidad de subordinación política que padecemos y su secuela, el problema de Vieques. Es lamentable que aunque unidos en el propósito, nos enfrentemos en este tribunal en el día de hoy; pero el señor de la historia obra por caminos misteriosos.

La decisión de esta corte -sea la que fuere-también contribuirá a nuestro inexorable proceso de descolonización. La existencia misma de este tribunal de los Estados Unidos en Puerto Rico (cuyos jueces son nombrados por un presidente norteamericano, juzgando a puertorriqueños por reivindicar pacíficamente los derechos de la patria que también es la patria del juez y del fiscal) repito, la existencia misma de este tribunal pone de manifiesto la subordinación política de nuestro país.

Un hombre de Dios, el pasado domingo, en la cárcel, nos recordó el mandato del capítulo 13 de San Juan "les doy este mandato nuevo, que se amen los unos a los otros".

Nuestra mayor obligación en este mundo es dejarlo un poquito mejor, más justo, más digno que lo que lo encontramos; y hacerlo sin odio, sin rencor, sin que se nos desfigure el rostro en la faena.

Hace siglos que los puertorriqueños empezamos a cumplir con esa obligación. Pero ahora, por la lucha de Vieques, hemos dado un salto cualitativo; este pueblo ya no es el mismo. Los puertorriqueños estamos conscientes de ello y el mundo entero lo sabe.

Triunfaremos en Vieques y pondremos fin a nuestra subordinación; porque el pueblo puertorriqueño sólo se arrodilla ante Dios.