Compañeros y compañeras abogados y abogadas:

            Al escuchar a Danny pensé que estaba en otro lugar. Todos los días nos despertaba en la cárcel cantando.

 VIEQUES Y EL REFERENDUM

            “No está lejano el día en que el bombardeo cese para siempre y en que la Marina se retire de Vieques. Ese será un triunfo histórico y trascendental. Sin embargo, para un núcleo importante aunque menguante dentro del gobierno de los Estados Unidos, aún a esta altura de la historia, lo importante en Vieques es la posesión del solar a la entrada de la ruta marítima comercial del Caribe; ‘lo que hay que hacer es dejar en reserva para uso futuro,”mothball” (eso quiere decir ponerle pepitas de cucarachas) ‘la parte este de Vieques hasta que llegue una nueva generación de políticos’ (en palabras de un senador norteamericano). Descontinuar el uso abusivo de las tierras y acabar con los bombardeos y maniobras marginando por lo pronto a la Marina de Guerra es un precio que el gobierno de los Estados Unidos está dispuesto a pagar ante el problema que tiene en Vieques. El proceso de Vieques señala hacia el cese del bombardeo, hacia una salida elegante para la Marina y un proceso más extenso respecto a la titularidad y posesión de los terrenos.”

Las palabras que acabo de leer no fueron escritas para esta asamblea. Las escribí el 17 de abril del año 2000, en la playa en Vieques, antes de los arrestos.

A la luz del referéndum que se proyecta para el próximo noviembre, nos tenemos que hacer las siguientes preguntas: ¿Vamos a consentir a la ocupación de Vieques por el gobierno de los Estados Unidos? ¿Vamos a luchar por la “titularidad y posesión de los terrenos” de Vieques irónicamente ratificando con el voto las expropiaciones de los años cuarenta? ¿Se va a convertir el gobierno de Puerto Rico en facilitador del trabajo de la Marina?

La ley federal dispone, “the president shall provide for a referendum to be conducted…etc.”  Peor, fue el anterior gobierno de Puerto Rico –no el gobierno federal- el que aprobó una ley que provee para un referéndum en Vieques.  Y las alternativas a ser incluidas en ese referéndum no fueron redactadas por la legislatura de Puerto Rico; para ambas alternativas se dispone que los terrenos de Vieques permanecerán en manos del gobierno de los Estados Unidos.

Nosotros, ¿qué vamos a hacer ante ese referéndum?

Voy a relatar un cuento que ejemplifica las pretensiones de la Marina y del gobierno de los Estados Unidos. Trata del hombre que va a la iglesia del pueblo y le reza a San Antonio, “San Antonio, por favor, quiero que me concedas un camión lleno de estiércol”; todos los días repite el mismo ruego.   No pudo ya más el sacristán, se le acercó un día y le dice: “Me está matando la curiosidad. ¿Por qué un camión lleno de estiércol?” Y el individuo le dijo: “El estiércol yo lo boto, yo lo que quiero es el camión. Es el “truck” lo que me interesa, no el estiércol”. A la Marina lo que verdaderamente le interesa en Vieques es el terreno, no los tiros. Lo que la Marina quiere es el solar, las 14 mil cuerdas que según dispone la ley federal serán indefinidamente propiedad del gobierno de los Estados Unidos. Y además, de celebrarse el referéndum, con el consentimiento de los viequenses.

¡Qué pretensión! No solamente se disponen a quedarse con las tierras sino que quieren que nosotros nos arrodillemos y digamos “Nos gusta que se queden con ellas para siempre”. ¡Eso es faltarle el respeto a este pueblo y nosotros no podemos dejarnos faltar el respeto!

Alegarán los posibilistas que si no vamos al referéndum se quedan para siempre. ¿Pero quiere decir eso que también les tenemos que celebrar el referéndum nosotros? Es decir, van a violar a tu familia, como hacían los marinos en Vieques, y tú además ¿les vas a dar café y les vas a abrir la puerta? ¡Que entren a la casa si pueden y después veremos qué pasa, pero tienen que entrar forzando la puerta!

¡A esta altura hablando en Vieques de posibilismo! Si de posibilismos se tratara nada hubiera sucedido en Vieques. Porque pensamos más allá del posibilismo, porque vimos con la fe, porque vimos con el corazón, porque actuamos con entereza y con dignidad es que los tenemos arrodillados en Vieques.

No hay nada en ley federal alguna que obligue al gobierno de Puerto Rico a celebrar un referéndum. La única obligación en ley que tiene el gobierno de Puerto Rico es la obligación que le impone una ley de Puerto Rico: Una ley que aprobó el ex gobernador (con el voto en contra del PIP y el PPD) para cumplir con su compromiso con la Marina. El mismo compromiso que derrotamos en las elecciones pasadas, el mismo compromiso que derrotamos recientemente en el referéndum celebrado en Vieques.

Y si se deroga la ley de referéndum del pasado gobierno ¿qué pasa? Entonces “the president shall provide”. ¡Que se ocupe el americano del trabajo sucio del americano! ¿Cómo se lo vamos a hacer nosotros?   Si los americanos conducen su propio referéndum o no celebran referéndum alguno, eso es otro asunto.

Preocupémonos por eso cuando suceda, respondamos cuando suceda; (y hay formas efectivas de responder) pero no nos rindamos.

La obligación moral de este pueblo es no prestarse a dar el consentimiento al abuso, no prestarse a dar el consentimiento para que se queden con las tierras. Si la lucha en Vieques es para el cese de las maniobras, ese objetivo está gano mañana o pasado, porque a la Marina ya se le hace políticamente imposible seguir bombardeando. Pero la lucha es también para la devolución de las tierras. Y no podemos ir a un referéndum para decirles que sigan bombardeando hasta el 2003 y que está bien que se queden para siempre con las tierras, cuando hace unos meses exigimos todo lo contrario por un 68 % de los votos.

Los pueblos le pasan por el lado -por no decir por encima- a los líderes que no responden a sus clamores. ¿Ustedes no se acuerdan de las elecciones pasadas? ¿Alguien en este recinto no entiende todavía el por qué del resultado de la pasada elección?

Estamos todos ante una obligación moral. Desde las elecciones yo he dado todos los espacios posibles, pero cuando se abre la puerta que puede dar margen a la claudicación ¡hay que hacer la advertencia!

Si en Vieques la clave ha sido mantener la presión, no arrodillarnos, ¿cómo le vamos a quitar la presión a la Marina?

Hago un llamado a la sensatez, a la reevaluación. No se puede seguir dando espacio y espacio, y quitándole la presión a la Marina. ¡Algunos podrán rendirse, pero el pueblo no va a rendirse!

Nada más faltaba que en el 2001 se repitieran los errores del 1950-52. En aquel entonces se consintió a lo que algunos llaman déficit democrático y otros llamamos colonialismo, y se pretendió convertir lo acontecido en una virtud. Ahora, a la altura del 2001, sería inconcebible que después de una batalla de dos años en Vieques, cuando los tenemos vencidos, nosotros digamos, “Se pueden quedar “per sécula seculorum” en Vieques y nosotros consentimos a ello”.

STATUS Y DEMOCRACIA

Dicho lo anterior, quiero hablarles del problema de las relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico, que es lo mismo que decir, quiero hablarles de las limitaciones de la democracia política y de la democracia social que padece nuestro país.

El periodista Jorge Ramos, en su libro “A la caza del León”, capta certeramente lo que está pasando en Vieques y la relación de Vieques con el status.

“Los puertorriqueños todos, tal vez sin plena conciencia, le estaban diciendo a Estados Unidos en Vieques ‘el territorio de Vieques es de nosotros los puertorriqueños, no de ustedes los norteamericanos’ y si Vieques era de los puertorriqueños, no de los estadounidenses, entonces todas las otras islas, incluyendo a la que alberga la ciudad de San Juan, también era de los puertorriqueños no de los norteamericanos.  Es decir, en Vieques, Puerto Rico había hecho una de las declaraciones de soberanía más contundentes de su historia”.  Sigo citando: “A Puerto Rico le dolía Vieques.  Y así es como comienzan los grandes cambios.  Con dolor.  Vieques liberó la imaginación de los puertorriqueños; Puerto Rico se había empezado a pensar sin Estados Unidos.  Ya no tenían que andar de la manita pa’ todos lados”.

No podemos dejar caer el espíritu de Vieques. Usemos la misma imaginación, el mismo sentido de realidad, la misma fe que nos hizo a todos caminar en Vieques, para enfrentar los grandes problemas de Puerto Rico.

A la altura del siglo 21 en Puerto Rico aplican las leyes de otro país. Unos llaman a esa situación un déficit de democracia, otros le llamamos colonia, pero todos queremos superar esa denigrante situación, ese grave problema, esa carencia de democracia política.

Con los problemas socio económicos sucede lo mismo. Nosotros todos, estadistas, estadolibristas, independentistas, queremos superarlos y lograr una plena democracia social.

Pero, sobre todo, no podemos olvidar que existe una íntima vinculación entre las limitaciones de nuestra democracia política y la ausencia de una verdadera democracia social.

Hay unas cosas que se pueden hacer bajo el status actual y se tienen que hacer. Pero hay otras en donde estamos mancados, limitados en las posibilidades de lo que podemos hacer porque no tenemos los poderes necesarios. Por ejemplo, necesitamos capital del extranjero para nuestro desarrollo (de Alemania, de Japón, de otros lugares además de Estados Unidos), y no tenemos poder para llevar a cabo muchas de las gestiones que efectivamente nos permitan atraer ese capital. Dicen que debemos hacer como Singapur y como Irlanda, pero Singapur e Irlanda tienen esos poderes. Las leyes de cabotaje son otro ejemplo, como también el acceso directo al mercado mundial. Porque hay que abaratar los costos en el país, tanto para consumo como de bienes intermedios para la industria.

En Puerto Rico no hay plena democracia política; por eso es que carecemos de los poderes que necesitamos.  ¿Cómo se resuelve  ese problema de los poderes, de la ausencia de una verdadera democracia política?

Los estadistas tienen unas visiones y los estadolibristas tienen otras y los independentistas tenemos otras, pero nosotros todos queremos enfrentarnos al problema. Nosotros todos estamos de acuerdo en que los problemas existen, que hay una íntima vinculación entre los problemas de democracia política y los de democracia social y que tenemos que meterles mano.

UNA REALIDAD DISTINTA

Para enfrentar esos problemas tenemos, antes que nada, que darnos cuenta de que muchas de las premisas bajo las cuales el gobierno de Puerto Rico actuó en el 50 y 52 y sobre las que se asentó el ELA han cambiado fundamentalmente.

Cincuenta años atrás estábamos en el comienzo de la guerra fríaAhora estamos en la era de la internacionalización.  Pienso en el abuelo de mi querido hermano Fernando Martín, que era republicano, igual que el mío, dicho sea de paso,  uno de mis abuelos era republicano, el otro era popular.  Aquí el que no tiene “dinga” tiene “mandinga”.  El abuelo de Fernando decía “¿qué hacemos con el millón de toneladas de azúcar si nos quitan la cuota americana?”  Fuerte el argumento.  Era la época de los mercados protegidos; si no tenías un cliente grande que te comprara era difícil.

En el 1940 y el 1950 la realidad puertorriqueña era muy distinta a la de hoy. (Para empezar, ya no hay caña). Vamos a dar dos o tres ejemplos. Muchos decían, “Si nos quitan el mercado libre nos hundimos…” Era el tipo de argumento que usaba Muñoz en sus famosos artículos del 46: “Nuevos Caminos Hacia Viejos Objetivos”. Pero ahora se acabó ese argumento. Porque mercado libre lo tiene medio mundo. ¡Lo tiene hasta México!

Otro ejemplo: la moneda. “¿Qué nos vamos a hacer si no tenemos el dólar?” Ahora hay varios países en la América Latina que lo usan como moneda corriente. Ahora no es teoría de los independentistas; ahora, el argumento de la moneda no tiene base en la realidad.

Otro ejemplo: las inversiones. Antes, lo que interesaba eran las inversiones americanas. Ahora interesan las americanas y también las de otros países para poder tener el desarrollo de Singapur, de Irlanda, de Malta y otros.

Fíjense ustedes cómo ha cambiado la realidad. Y muchos siguen hablando como hablaban en el 50, como si fuera la misma realidad.

Pero hay algo más, algo que en el 50 hubiera parecido inconcebible.  Estamos en la era de las nacionalidades.  ¡Ahora todo el mundo se siente orgulloso de lo que es!  En el 50, para muchos, el orgullo era decir:  “Nosotros somos universalistas”.  Pero hoy en día… ¿Ustedes saben cuál es uno de los problemas mayores de Francia?  Que Lionel Jospin –buen amigo de nosotros- está considerando una ley para darle autonomía a ¡los corsos!  Una ley que le permite a los corsos vetar las leyes del Parlamento francés.  Porque los corsos, que le prestaron a Napoleón a Francia, no han rendido su nacionalidad.

¿Y la “gran URSS”, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas? La URSS ya no existe y sus diversas nacionalidades se han constituido como en ocho o diez países independientes. Y la vieja Yugoslavia se disolvió y ahora hay en su territorio media docena de países independientes, constituidos sobre la base de las diversas nacionalidades.

Igual que se respeta a los individuos hay que respetar a las nacionalidades. Igual que, desde el punto de vista cristiano, uno se respeta a sí mismo como hijo de Dios, también las nacionalidades son parte de la creación. Y no son exclusivo patrimonio de los vivos del cual podemos disponer. Tenemos una responsabilidad con mi abuelo republicano y con mi abuelo popular, con los que ya no están. Y tenemos una responsabilidad con los que no han nacido. Y eso tiene valor, eso tiene belleza, eso es parte de la creación también. Y esos pueblos que también son parte de la creación han dicho: “¿Por qué le vamos a permitir a una nacionalidad más fuerte o más grande que nos sojuzgue?”

En el 50, eso de disfrutar de la soberanía era para muchos una fantasía. Se nos decía que renunciar a la soberanía, a los poderes, era el precio que se tenía que pagar por el desarrollo económico. Ahora la soberanía es requisito para la internacionalización y el desarrollo.

Yo no pretendo rescribir la historia, pero, ¡cuánto hubiera dado el abuelo de Fernando Martín o mi abuelo, o cuánto hubiera dado Luis Muñoz Marín o Antonio Fernós Isern, por tener en el 1950 las condiciones de hoy! ¿Ustedes creen que se hubieran conformado con lo que lograron? ¡Seguro que no!

Recuerden ustedes siempre que, como dijo el filósofo, los hombres hacen su historia, pero bajo condiciones dadas e impuestas. Las condiciones impuestas en el 50 eran difíciles para todos. No es que se perdonen los errores cometidos. Esa no es función nuestra. La historia dirá. Lo importante es darnos cuenta de que las condiciones de hoy son distintas.

Si las condiciones de hoy son distintas, la pregunta es ¿cómo nos vamos a conformar con las mismas estructuras del pasado? ¿Cómo vamos a conformarnos ahora con lo mismo que ayer, cuando hoy podemos lograr algo mucho mejor? ¿Vamos a seguir actuando como si nada hubiera cambiado en los últimos 50 años?

NUEVAS ACTITUDES Y NUEVA CONCIENCIA

Es importante de ahora en adelante, para superar los problemas del país, tener actitudes correctas. Nadie tiene que sentirse mal por lo que ha sido. No es raro que los seres humanos, ante circunstancias diversas, tengan diferentes prioridades. A la luz de las nuevas circunstancias se puede crear una nueva síntesis y un nuevo acuerdo, un nuevo entendido.

Debemos recordar, además, que cuando a un país se le imponen condiciones, como las que se le impusieron a Puerto Rico en el 50, el país va perdiendo la confianza en sí mismo. Yo tengo grabado en mi recuerdo como si fuera hoy a don Francisco Susoni, hijo, (a quien muchos de ustedes conocieron y ex presidente de este Colegio) narrándome su visita a Washington en el 1945 junto a don Ernesto Ramos Antonini y a don Luis Muñoz Marín. Don Paco y don Ernesto esperaban a Muñoz en el hotel Mayflower, y cuando llegó Muñoz de una reunión con el Presidente Truman, la pregunta inmediata fue: “¿Qué pasó, José Luis?” Y don Luis Muñoz Marín se echó a llorar.

Hay que recordar que en aquel entonces la legislatura de Puerto Rico aprobó una ley de referéndum y, ¿saben ustedes lo que pasó cuando se aprobó la ley? Que el americano –el gobernador Tugwell- vetó la ley. ¿Y saben lo que hizo la legislatura de Puerto Rico? ¡Le pasó por encima al veto del gobernador americano! y entonces el Presidente Truman –en repudio de la voluntad de los puertorriqueños- vetó nuevamente la ley puertorriqueña de plebiscito.

En aquel entonces Puerto Rico demandaba un plebiscito entre las alternativas de mancomunidad, similar a Canadá, una autonomía tipo canadiense, (es decir, con soberanía), la independencia y la estadidad, ¡y no nos permitieron ni votar! Empezaba entonces la Guerra fría.

No voy a hablar sobre cómo debió haber reaccionado don Luis Muñoz Marín ante esa situación. Distintos seres humanos reaccionan de distintas formas en situaciones similares. Pero aquella impotencia de aquel cuarto del Mayflower en 1945 se trasmitió al pueblo puertorriqueño. La impotencia de saber que queremos algo y de creer que no podemos obtenerlo. Todos queríamos referéndum, todos aspirábamos a la soberanía y no obtuvimos la soberanía.

¿Ustedes se imaginan el dolor en el espíritu y en el corazón, no solamente de los que estuvieron en la cárcel porque decidieron responder a la bofetada de Washington con una bofetada histórica, y de todos los que rechazaron la imposición, pero también de los que aceptaron la imposición de Truman? Los hicieron sufrir a todos. A los que rechazaron la imposición y a los que la aceptaron

Pero eso sucedió en 1945. ¡Ahora todos queremos que se vayan de Vieques y los haremos ir de Vieques!

No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Llegó Vieques, y Vieques ha trasformado la conciencia de este pueblo, no de los viequenses, no de los independentistas, no de los populares, no de los estadistas, no de los católicos o de los protestantes, sino de todos. (Yo nunca vi un rostro más feliz que el de Wilfredo Estrada la primera vez que me lo encontré en la cárcel).

¡Se acabó la impotencia! Como dije al momento de mi arresto: “¡Este es otro Puerto Rico!

Mis queridos compañeras y compañeros, si los problemas están ahí, y si sabemos que las condiciones de ahora son distintas a las del 1950, ¿qué debemos hacer?

LA CONSTITUYENTE

Lo que hace falta es un mecanismo, una iniciativa que le dé cauce a lo que es el sentimiento mayoritario de este pueblo; que tengamos en nuestras manos los instrumentos, los poderes necesarios para resolver los problemas, que disfrutemos de nuestra soberanía (ya sea a través de la estadidad, ya sea a través de un Estado Libre Asociado soberano, o a través de la independencia). Y que nuestra exigencia, nuestra petición, sea atendida. Yo no digo que sea concedida. Que la petición de ese mecanismo como paso inicial sea atendida en Estados Unidos. De eso es que el Colegio de Abogados está hablando cuando habla de la Constituyente.

Existen diversas opiniones sobre lo que debe ser la Constituyente. No es el momento de abundar en ellas, pero la idea es sencilla: Una institución compuesta por delegados electos por nuestro pueblo en representación de las diversas alternativas de status y en afirmación de nuestro derecho a la autodeterminación, con la encomienda de resolver el status en negociación con el gobierno de Estados Unidos y en consonancia con la voluntad nuestro pueblo.

Ahora estamos en momento oportuno para la Constituyente. Estados Unidos está, al presente, desarrollando su política para con la América Latina para el próximo siglo. Puerto Rico siempre ha sido preludio. Fue preludio en el 1898, para las invasiones y los abusos de las siguientes décadas; fue preludio en los años treinta para la “Política del Buen Vecino”; fue preludio para la “Alianza Para el Progreso” de Kennedy. Desafortunadamente la política de los Estados Unidos en América Latina y particularmente en las Antillas, se ha fundamentado en variaciones sobre el tema de la dependencia. Y Puerto Rico ha sido el laboratorio para esa política. Ahora los norteamericanos están en búsqueda de una nueva política. Este es el momento para que nosotros dictemos las pautas, no ellos. 

Tenemos además que crearle incentivos a los Estados Unidos para enfrentar el problema de Puerto Rico. Hemos intentado innumerables caminos para resolver el problema de status pero nuestros esfuerzos han sido rechazados por los Estados Unidos. Para Estados Unidos el problema de Puerto Rico es importante pero no urgente. Para nosotros son ambas cosas. La iniciativa, el empuje, tiene que ser de nosotros. Ellos tienen otras prioridades. Es desde aquí que tenemos que empujarlos, al mismo tiempo que trabajamos allá. Y el Colegio de Abogados poco a poco ha ido desarrollando una idea de cómo esto se puede lograr. Hay que echar para adelante esa institución que los abogados llamamos “Asamblea Constituyente”.

NOSOTROS TODOS A CAMBIAR LAS REGLAS

Compañeras y compañeros, lo que he dicho aquí en términos “semi jurídicos” voy a decirlo de otra forma: En Puerto Rico tenemos que cambiar la cultura política existente, es decir, las reglas del juego. Estas reglas del juego llevan a la derrota de Puerto Rico. A que sigamos dándole vueltas a la noria sin resolver nuestro problema de status –que es nuestro problema socioeconómico también. No es meramente cuestión de debatir. Yo estoy cansado. “Licenciado, pruébeme que no nos morimos de hambre con la independencia”. O “pruébeme que no perdemos la cultura con la estadidad”. O “Pruébeme que el ELA es un status digno”. Esto no es cuestión de “pruébeme”, es cuestión de ir buscando en la práctica del proceso político la solución a los problemas. Lo importante es cambiar las reglas del juego como hicimos en Vieques. Es tomar nosotros la iniciativa.

En el juego de pelota (algunos aquí sabrán de eso, les explico a los que no saben). En el juego de pelota hay un señor que se llama el lanzador, o el “pitcher” que tira una bolita para que el que tiene el bate le dé a la bola. Y ese juego tiene unas reglas. La historia del béisbol en grandes ligas, (-donde en este momento los nuestros son los mejores, dicho sea de paso- fíjense que a nadie se le ocurre preguntar, cuando Igor González batea un jomron, si es independentista, popular o estadista. Es puertorriqueño.), la historia centenaria del béisbol de grandes ligas demuestra que con una bola del tamaño de la que se usa, un bate de x tamaño y un “pitcher” tirando la bola a x distancia, no se puede batear de “hit” (es decir, sin que un jugador contrario coja la bola) más de 406 ó 407 veces en mil. Alguien dirá ¿Por qué a la pelota no se le da de hit 500 veces? Porque, perdonen, ¿con qué fondillo se sienta la cucaracha? Porque las reglas del juego lo imposibilitan. Pero si cambiamos las reglas, si usamos un bate o una bola distinta, entonces quizás hay más oportunidad de darle a la bola. Y si quitas uno de los jugadores del campo de juego, entonces sería más fácil para el bateador.

En Puerto Rico hay que cambiar las reglas. Y el cambio de reglas en Puerto Rico es algo que depende de nuestra voluntad. Eso es la Constituyente. Las otras alternativas no han funcionado. Son lo mismo de siempre. Si el americano no veta los plebiscitos como en el 45, el proceso se sabotea desde acá para ganar unas elecciones. “Después de todo, lo que tengo que hacer es esperar cuatro años porque tú vas a estar tan desacreditado o desacreditada que te voy a ganar las próximas”. Como dijo alguien, “Nosotros nos unimos antes de las elecciones, los partidos grandes siempre se unen” ¡Por supuesto que se unen! Porque es natural que haya mucho interés en disfrutar del poder.

Si nos quedamos en esas, vamos continuar padeciendo los problemas de la ausencia de democracia social y de democracia política. ¡Que el gobierno siga, pero que la Constituyente se inicie! Ese es el llamado que estoy haciendo.

Hay que atreverse, porque, de lo contrario, vamos a seguir en lo mismo. Si nosotros todos lo hicimos con Vieques, yo no tengo la menor duda de que nosotros todos lo podemos hacer con el problema del status. Por eso al salir de la cárcel dije que había que repetir a Vieques. Y dije también que los Estados Unidos harán lo que nosotros hagamos que hagan, como ha sucedido en Vieques.

Vamos a recoger y acoplar voluntades en una Constituyente para resolver el problema grande de Puerto Rico. Vieques nos ha señalado el camino. Por eso repito una vez más: “Hoy Vieques, mañana Puerto Rico”.