Compañeras y compañeros, compatriotas todos:

Los aquí presentes le podrán decir a sus hijos y a sus nietos que vieron cara a cara, un día de sol, 25 de julio, en la playa de Guánica, a doña Lolita Lebrón y a don Rafael Cancel Miranda.


Rubén Berríos Martínez (BAS)

Yo estoy seguro de que don Rafael y doña Lolita sintieron en su espíritu el mismo alborozo que yo al escuchar a María de Lourdes y a Juan, dos jóvenes líderes del partido. Tenemos líderes jóvenes para rato. Yo espero que la libertad venga bien pronto pero, si tiene que esperar un poco más, ahí está la juventud puertorriqueña para llevar a buen término esta lucha.

Fernando, por su parte, ha descrito claramente la ruta y el mapa de esta lucha en los últimos ciento y pico de años. Es importante saber por qué las cosas ocurren; para poder tener seguridad de hacia dónde uno se dirige. Fernando, de forma magistral ha convertido esta tribuna en una cátedra. Cada uno de nosotros tenemos un atisbo de por dónde van las cosas. Pero Fernando tiene ese don de poder sintetizar el proyecto. Lo dicho por él en el día de hoy es un resumen magistral de por dónde va el rumbo de Puerto Rico.

Anoche yo tuve el privilegio de pernoctar aquí en Guánica en la casa de un amigo. ¿Está por aquí el presidente de Yauco, del barrio Almácigo Abajo, el compañero Hernández, de familia de patriotas que, dicho sea de paso, es doctor en astronomía? Si lo que él me enseñó en Vieques no me falla, yo tengo la impresión de que el lugar en dónde estaba la luna el 24 de julio del 1898 no era muy diferente al de la noche de ayer. Porque, después de todo, “pasados los siglos, horas fueron”, como dice el poeta español y no han pasado nada más que ciento y pico de años. Quizás la luna ha cambiado algo su posición en los últimos diez o quince mil años, pero no creo que haya cambiado mucho en los últimos cien. ¿Los pescadores pueden orientarme respecto a esto? Más o menos está en el mismo lugar, dice el compañero Zenón.

Pues yo anoche, cuando contemplé el mar plateado por la luna llena (que se me pareció mucho al de la costa este de Vieques), me pregunté: ¿qué estarían pensando los soldados norteamericanos el 24 de julio del 1898 por la noche, esperando por el desembarco al día siguiente? Yo estoy casi seguro de que sé lo que estaba pensando un particular soldado norteamericano. Y es que uno de los grandes poetas norteamericanos formó parte de las tropas invasoras de los Estados Unidos; el poeta Carl Sandburg. Y pensé anoche ante aquella luna y aquel paisaje paradisíaco, que Sandburg quizás se imaginó que era la codicia por la belleza lo que traía a los norteamericanos a nuestra tierra. Pero eso no era lo que pensaban los jefes de Sandburg.

Uno de esos jefes, el general Nelson Miles, comandante de las tropas, representaba en sus actitudes e historial el típico pensamiento imperialista norteamericano de aquella época. El propio Teodoro Roosevelt, que poco después fue Presidente de los Estados Unidos, decía que el general Miles era un “pavo real”. Había sido, además, en la última parte del siglo 19 en los Estados Unidos, un perseguidor de indios. Su mentalidad era simple: “Hay unas razas que son superiores a otras. Para esos pobres puertorriqueños lo mejor es que nosotros, que sabemos más, los blancos, los del norte, los civilicemos y los colonicemos”. Por supuesto, para satisfacer sus intereses en la zona y controlar desde Puerto Rico al Caribe y a la América Latina y asegurar los accesos al Canal de Panamá. Eso es lo que se llama la “geopolítica”.

Ellos vinieron por unas razones muy sencillas a las cuáles se refería Fernando. No vinieron por casualidad; no consultaron a nadie. Entraron por aquí porque necesitaban a Puerto Rico. El problema, como diría don Pedro Albizu Campos treinta años después, es que ellos estaban interesados en la jaula, y aquí había demasiados pájaros, demasiados puertorriqueños.

Por aquella época había también otro personaje norteamericano de apellido Taft. Taft fue gobernador de las Filipinas luego de la invasión norteamericana; y más tarde fue Presidente de los Estados Unidos, y luego Presidente del Tribunal Supremo de esa nación. Y Taft fue el que ideó aquella frase racista de “the litle brown brothers” (los pequeños hermanos marrón) para referirse a los habitantes de las nuevas posesiones. (Dicho sea de paso, frase que usa el Presidente Bush para referirse a algunos de sus nietecitos, hijos de una mexicano-americana, “the litle brown ones”). Y ese es el mismo Taft que sostuvo en la década del 1920, cuando era Presidente del Tribunal Supremo, que Puerto Rico, aunque tuviera la ciudadanía americana, no estaba destinado a ser un estado de la Unión Americana sencillamente porque somos distintos. Y, ¿quiénes éramos los distintos? No se refería a esta playa tan bonita, ni a la luna de Puerto Rico; los distintos éramos los puertorriqueños; un millón de pájaros que habitábamos en esta jaula en el 1898.

Como muy bien explicó Fernando, una vez existe una nacionalidad constituida, lo otro es cuestión de tiempo y circunstancia. Es cuestión de seguir consecuente y perseverantemente hasta que se dé la coyuntura para que se imponga lo que es el destino natural de toda nacionalidad (al igual que es el destino natural de cada hombre y mujer cuando llega a cierta edad) asumir su propia responsabilidad y mandarse a sí misma. Y el tiempo y la circunstancia de Puerto Rico ya está llegando.

En el 1898 en Puerto Rico había una nacionalidad y los Estados Unidos tenían un diseño imperial. En los siguientes cincuenta años pretendieron erradicar nuestra nacionalidad; arrancarnos el espíritu. En las escuelas se enseñaba en inglés y ni los maestros sabían inglés. ¡Imagínense ustedes! Perseguían al independentismo inmisericordemente. Era el proceso de asimilación a la trágala, el cual mantuvieron en su manifestación más burda por medio siglo.

Y no crean ustedes que es poca cosa resistir ese vendaval. Hay muchas nacionalidades (no se equivoque nadie) que han desaparecido de la faz de la tierra. No “muchas”, cientos de nacionalidades han desaparecido de la faz de la tierra. Nosotros, afortunadamente, hemos prevalecido por méritos propios, pero también por otra razón que no podemos olvidar nunca: nosotros no somos una nacionalidad aislada. Nosotros somos parte de la gran nacionalidad latinoamericana. No éramos meramente una isla “rodeada de agua por todas partes” Por el contrario. Aquí en Puerto Rico, los padres y las madres de muchos de nosotros se han enamorado con canciones compuestas por panameños, por mexicanos, por peruanos; y lo mismo allá con nuestro Rafael Hernández y nuestro Pedro Flores. Hay una savia, hay una transfusión continua a un paciente a quien se le ha abusado inmisericordemente, tratando de arrancarle su espíritu; una transfusión de sangre, de espíritu, viniendo de América Latina hacia Puerto Rico (y de nosotros hacia la América Latina también). Y gracias a que somos parte de esa gran nacionalidad y a nuestra lucha consecuente por perpetuarnos en la historia es que hemos podido producir a seres humanos como José de Diego, Pedro Albizu Campos y Gilberto Concepción de Gracia.


Andy Montañez amenizó al principio
de la actividad en Guánica (BAS)

Por eso, medio siglo después de que entraron por estas costas, se dieron cuenta de que no podían seguir tratando de arrancarnos el espíritu, sino que había que tratar de dominarnos de otra forma; porque ya los independentistas éramos la mayoría del pueblo a finales de la década del 30 y mediados de la década del 40. Y entonces, para mantener su control sobre Puerto Rico decidieron vestir la mona de seda, pero la mona, aunque se vista de seda, mona se queda.

Cincuenta y cuatro años después de entrar por aquí pretendieron cubrir con una toga de dignidad el harapo de la colonia. Eso es lo que se llama el Estado Libre Asociado. Y el problema no es que trataran de hacer unas mejorías al régimen colonial. El problema es que trataron de pasar el vicio por virtud. Los patriotas irlandeses, por ejemplo, luego de la revolución del 1916, estuvieron dispuestos a aceptar un régimen transitorio a la libertad, lo que llamaba aquel gran revolucionario Michael Collins “La libertad para obtener la libertad”. Transaron en un proceso intermedio, pero con plena conciencia de que se veían forzados a hacerlo, sin pretender glorificarlo y siempre dirigiéndose concientemente hacia la independencia. Eso es muy distinto a decir: “Le vamos a poner un ropaje nuevo a los harapos de la colonia y se lo vamos a vender al país como si fuera el gran logro de los puertorriqueños”. El Estado Libre Asociado en el 1952 no fue el logro de ni un solo puertorriqueño. Fue la rendija que los americanos le dejaron abierta a los que no tuvieron el valor de demandar la plena libertad y la dignidad para este pueblo.

Y los colonialistas no se conformaron con vestir la mona de seda, persiguieron inmisericordemente a los patriotas nacionalistas y a los patriotas independentistas. Y la enseña de la patria, como decía María de Lourdes, que hoy cualquiera la levanta en Puerto Rico, era la enseña que, por tenerla en el hogar, le costaba cárcel a un patriota de Jayuya o de Utuado o de San Juan. Trataron de enterrar la palabra “Patria” y “Nación”. Cuando yo era joven, decir “Patria” o “nación” era casi un pecado.

Pero, ¿qué ha pasado? Que el florecimiento de una nacionalidad es cuestión de tiempo y circunstancia. Que hubo hombres y mujeres que estuvieron veinticinco años en la cárcel, como don Rafael y doña Lolita, sin rendirse. Que hubo jíbaros independentistas en Santa Olalla, o en Cedro Arriba, o en Matrulla, que aun cuando le negaban a sus hijos los derechos mínimos de todo ciudadano, no estuvieron dispuestos a arrodillarse. Muchos de ustedes son hijos de esas cepas, gente que no tuvo precio. ¡Por supuesto que no podían ser mayoría! ¿Cuándo han sido mayoría en los pueblos, en momentos de persecución atroz los que han estado dispuestos a sacar la cara?

Le recuerdo a este pueblo cristiano que, en tiempos del Antiguo Testamento, cuando Moisés fue al Monte Sinaí a buscar las tablas de la ley, al regresar encontró al pueblo escogido adorando al becerro de oro. Y les recuerdo también que cuando Cristo sanó a diez leprosos, solo uno de ellos fue a darle las gracias. No es que los otros fueran malos, era que uno tenía que arreglar el techo de la casa; otro tenía que ordeñar la cabrita,; otro tenía que remendar las sandalias..., tenían otras prioridades. ¡Solo uno de diez le fue a dar las gracias! Diez por ciento. No está mal el cinco por ciento para los independentistas en Puerto Rico, y sin milagros.

Mis queridos hermanos y hermanas, hoy, cincuenta años después de ese monumental fraude del 1952, allá en San Juan, para todos los efectos históricos y prácticos, en vez de una celebración, se lleva a cabo un velorio. Y aquí en Guánica, con tres mil dólares de presupuesto para movilización, sin prometerle ni garantizarle empleo a nadie y sin usar medio millón de dólares de fondos públicos en propaganda y movilización, hay miles y miles de personas diciendo que Puerto Rico es un país que debe ser respetado por todos los países del orbe.

Uno de los grandes poetas de la humanidad, el patriota hindú Rabindranah Tagore, dijo algo que deben recordar los que todavía están dispuestos a conmemorar la colonia: “Tu ídolo es de barro y comprenderás que el polvo de mi Dios es más grande que tu ídolo”.

Durante los últimos cincuenta años el mundo le ha pasado por el lado a Puerto Rico. En el Caribe ya prácticamente no quedan colonias. Puerto Rico es la última gran colonia del mundo. Por supuesto, porque nos tocó ser colonia del país más poderoso del siglo 20. El milagro es que todavía seamos puertorriqueños. Y todos somos puertorriqueños, aun los que no están dispuestos a luchar por la libertad. Pero no es sólo que políticamente el mundo nos haya pasado por el lado; nos ha pasado por el lado económicamente también.

Hoy día hay más de una docena de naciones más pequeñas que Puerto Rico y con menos recursos naturales, naciones que 25 años atrás eran más pobres que Puerto Rico hoy nos superan económicamente. Hoy el obstáculo mayor al desarrollo es la camisa de fuerza de la colonia. Eso lo reconocen hasta líderes del Partido Popular. No hay en Puerto Rico los poderes necesarios para comerciar con quien queramos, para traer capital de donde nos convenga, para entablar relaciones comerciales con los países que queramos; hoy hasta países como México tienen comercio libre con Estados Unidos. Y el dólar lo usa quien quiere; (si es que fuera conveniente usar el dólar), porque a lo mejor es más conveniente usar el Albizu o el Betances, como queramos, pero que nosotros decidamos.

El Estado Libre Asociado es un impedimento para el desarrollo económico, y ni hablar del desarrollo social. Porque la dependencia extrema ha tenido como consecuencia el descascaramiento de buena parte de la fibra moral de nuestro pueblo. Los pueblos, tarde o temprano tienen que aprender que en las cosas de los pueblos nada se da de gratis. En Puerto Rico el precio de la dependencia es evidente. Más aún, nos hablan de los miles de millones que dan, pero nadie habla de los 22 mil millones que se llevaron el año pasado. La colonia no tiene futuro.

Pero, además de eso, hay otro dato esencial el cual Fernando traía a consideración; estamos en otro momento histórico. Estamos en tiempos de la balística intercontinental y estamos en el tiempo de los satélites, cuando las necesidades militares de los Estados Unidos son radicalmente distintas a las del 1898. Al presente los Estados Unidos se disponen a trazar una política para el continente para el siglo presente. Y por donde vaya Puerto Rico, por ahí irá la América Latina. Así ha sido siempre. El 98 era el momento de las expansiones territoriales. Hoy es otro momento.

El momento del colonialismo pasó y los Estados Unidos jamás podrían concebir la integración de Puerto Rico como un estado de la Unión porque estarían metiéndose el problema dentro de la casa y, además, porque ni Santo Domingo, ni Cuba, pueden ser estados de la Unión de los Estados Unidos. Repito, éste es el momento en que los Estados Unidos están determinando su geopolítica continental a largo plazo. Y el único status compatible con la geopolítica de los Estados Unidos además de con nuestro interés nacional es, como decía Fernando, la independencia.

No quiere decir eso que la independencia viene porque viene. Si los puertorriqueños dejamos de luchar puede pasar cualquier cosa en Puerto Rico. Y las circunstancias siempre pueden cambiar. Tenemos que aprovechar esta coyuntura. Es como en Vieques. La coyuntura en Vieques era propicia, pero si los puertorriqueños no nos fajamos allí no hubiera sucedido lo que sucedió y lo que va a suceder.

Todavía queda mucho por hacer. Recordemos que la mejor palabra es la acción. José Martí decía que si la palabra no se pone al servicio de la acción se convierte en “una coqueta abominable”. Y decía Eugenio María de Hostos, “De todos los vicios que conozco, el más terrible es el de perder el tiempo de la acción en la palabra”. Así es, mis queridos hermanos, que, antes de terminar, yo quiero hablar de la acción, de las acciones que tenemos que llevar a cabo para acelerar nuestra liberación, para armar ese rompecabezas al que se refería el compañero Fernando Martín. Vamos a referirnos primero a Vieques y después al status.

En Vieques vamos a ganar, no le quede la menor duda a nadie. Pero no vamos a ganar si nos cruzamos de brazos.

La Asamblea General del Partido Independentista aprobó una Resolución sobre Vieques y en las próximas semanas el liderato del partido se va a reunir con el liderato viequense, con el liderato obrero del país, con el liderato religioso con el liderato político y de otras organizaciones que estén a favor de la lucha de Vieques y también, y muy importante, con el liderato boricua en los Estados Unidos y con nuestros aliados en los Estados Unidos.

Yo no pretendo en el día de hoy anunciar actividades específicas porque quiero que, cuando se anuncien, sean el producto de la conversación y de las sugerencias de todos estos sectores. Nosotros haremos las aportaciones debidas, ellos harán las de ellos y luego se anunciarán las acciones a tomar. Lo que sí quiero decir es que vamos en grande. Y por supuesto que será en forma pacífica mediante la desobediencia civil y otras actividades pacíficas que llevemos a cabo. Yo anuncié en la Asamblea que, si no se van como han prometido, una actividad esencial será la presencia masiva en Vieques para interrumpir las maniobras. Pero eso no quiere decir que de aquí a esa fecha los vamos a dejar descansar. Tenemos que seguir adelante. Y los Estados Unidos y el Navy saben que cuando los independentistas decimos “Vamos”, vamos. Aquí no hay aguajeros, ni hay cárcel que pueda frenar el ansia de dignidad del independentismo puertorriqueño y del pueblo puertorriqueño. Si no se van cuando lo prometieron, vamos en grande. Allá (en la Isla Nena) y acá (en la Isla Grande). Vamos en grande. Y en los Estados Unidos vamos en grande también.

Ahora bien, hay que recordar que estamos bregando con un adversario sagaz y poderoso. Hay que echar hacia delante, en la coyuntura apropiada para nuestros intereses. Eso quiere decir que antes de las elecciones de noviembre en los Estados Unidos, bastante antes, tenemos que informarle a los Estados Unidos lo que vamos a hacer, para que lo sepan y puedan ellos, en forma oportuna (por no decir oportunista) aprovechar la ocasión para anunciar formalmente y antes de esas elecciones su decisión de irse. Antes de noviembre les vamos a llevar un mensaje de dignidad, de vergüenza y de respeto para nuestro pueblo. Con nosotros van a estar en ese reclamo, no solamente los puertorriqueños que viven en los Estados Unidos, sino también muchos sectores y grupos en los Estados Unidos, con quienes estoy seguro podemos contar y con quienes ya estoy poniéndome en contacto.

Vamos al próximo asunto que quiero tratar en el día de hoy. Yo recuerdo cómo, hace unos años, eran muy pocos los que creían que podíamos sacar la Marina de Vieques. Así sucede con el status en Puerto Rico. Hay mucha gente que se cree que no podemos.

Yo quiero explicarle al independentismo que se congrega hoy aquí lo que ha sucedido en las reuniones en Fortaleza durante los últimos días y de lo que nosotros pretendemos que suceda en el futuro.

Antes que nada déjenme decirles que yo ya estoy demasiado maduro, por no decir viejo, para creer en cuentos de camino. Para mí, el movimiento se demuestra andando. En todo este proceso la regla para el independentismo es, repito: “El movimiento se demuestra andando”. Y recuerden que si el independentismo no está presente en el proceso, no hay fuerza moral para enfrentarse al status ni nacional ni internacionalmente.

¡Hay que estarlos velando siempre! Hasta este momento la Gobernadora de Puerto Rico ha cumplido las palabras y los acuerdos que ha empeñado con este servidor. Uno de los periodistas me preguntó esta mañana que qué yo creía de estos nombramientos de cinco personas, cinco distinguidos puertorriqueños para reunirse con el presidente del PNP, y yo le dije: “Pero, ¿cómo que qué yo creo? ¡Si yo los escogí conjuntamente con la Gobernadora!”. Ella cumplió su palabra, los escogimos por consenso.

Con respecto a la actual discusión del status, la otra regla de oro, (además de que el movimiento se demuestra andando), es “Nadie debe tener un veto sobre el asunto de la discusión del status. Y nadie debe utilizar como excusa la no comparecencia de alguien para la inacción o el inmovilismo’. Es el pueblo en última instancia el que va a hacer la decisión. Esas son las reglas de oro: el movimiento se demuestra andando, nadie tiene veto y nadie puede utilizar el veto de uno como una excusa para la inacción.

Yo le he presentado a la Gobernadora una propuesta en caso de que el señor Pesquera no esté dispuesto a participar en el proceso. Y ella ha expresado públicamente que le está dando la más seria consideración. Yo he presentado una propuesta que creo puede servir de mecanismo para echar hacia delante este proceso opóngase quien se oponga. Pero, por otro lado, acabo de escuchar que el doctor Pesquera tiene una propuesta. ¿Qué mejor razón para reunirse para que él nos traiga esa propuesta ?

El doctor Pesquera sabe que yo no soy como algunos en su partido que hablan de la estadidad pero no quieren resolver el problema del status porque lo que quieren es treparse para disfrutar del poder. Yo soy de los que están dispuestos a ir a la cárcel por lo que creo. Que no se preocupe el doctor Pesquera, que traiga su idea. Le voy a decir más: Hace dos días dije que hay dos elementos en su propuesta pública inicial que yo creo que son razonables: que tenemos que envolver a Washington en el proceso y que tiene que haber igualdad entre las partes.

No se preocupe el doctor Pesquera. Más aún, por lo que he visto en la prensa, hay partes de su última propuesta que también son razonables. Esa propuesta que dice que hay que resolver el asunto pronto, -el año que viene-, es muy razonable también. Yo estoy dispuesto a considerarla.

Y muchas de las ideas de la Gobernadora, como fue la del consenso, como fue la de convocar una reunión, también son buenas y razonables. Vamos a reunirnos entonces, doctor Pesquera, vamos a reunirnos, no tema. Si en alguien puede confiar usted, si en la palabra de alguien puede confiar usted es en la palabra de un independentista puertorriqueño.

Tendidos esos puentes, quiero tocar un último punto. Una vez se constituya ese Comité de Unidad y Consenso o como se le llame, yo voy a impulsar en ese comité el mecanismo de la Asamblea de Pueblo o Asamblea de Status o Constituyente.

¿Por qué creen ustedes que yo impulso la Asamblea de Status? Porque estoy convencido de que a la larga ese camino va a desembocar en la soberanía de Puerto Rico. Es evidente. Pero estoy dispuesto a ir al pueblo para que el pueblo sea el que decida.

Yo les voy a explicar a ustedes qué es esto de la Asamblea de Status de forma bien sencilla: El pueblo va a una elección de candidatos. Y vota por delegados: Una lista de estadistas, una lista de estadolibristas y una lista de independentistas. Y nos vamos a dilucidar el asunto del status según el mandato que tengamos. Y si los estadistas ganan la mayoría, irán a Washington. Y que el Congreso americano le conteste a los estadistas. ¿Ellos le tienen miedo a la contestación del Congreso americano? Además, si le tienen miedo a la contestación, ¿para cuándo lo van a dejar? ¿Creen en la estadidad de verdad o no? Yo creo que la inmensa mayoría de los estadistas de este país creen en la estadidad y están dispuestos a echar para adelante. Si no echan para adelante nunca obtendrán sus objetivos. Nunca. Y lo mismo le digo a los estadolibristas. Si ganan que definan el ELA y vayan y pidan. Y los americanos les van a contestar. ¿Cuál es el problema?

Lo importante de la Constituyente no es cómo uno entra, sino cómo uno sale de la Constituyente. Es cuestión de ir desbrozando el camino, despejando obstáculos. Quitándole la venda de los ojos a tanta gente buena.

El ex Gobernador de Puerto Rico, estadista, era íntimo amigo del Presidente de los Estados Unidos. Pernoctaba en Casa Blanca. Ayudaba con dinero a los candidatos de Casa Blanca. Y estuvo ocho años en el poder y tan pronto solicitó en serio al Congreso americano que aprobaran un referéndum que mencionara la alternativa de la estadidad, no pasó de primera base.

¿Y los líderes populares? Hace cincuenta años que vienen pidiendo. No es que no han logrado nada, es que hoy hay menos poderes en Puerto Rico de los que había en el 50. Cincuenta años de “No”. Pero traten otra vez. Por lo menos antes las autoridades de salud de Puerto Rico determinaban si el mondongo que se comía aquí en Guánica estaba bien o mal confeccionado. Ahora los federales son los que nos dicen que tipo de mondongo se come en Puerto Rico. ¿Qué clase de autonomía tiene este país? No es que el Estado Libre Asociado no haya crecido, es que se ha encogido.

A la Legislatura de Puerto Rico le gusta la idea de la Asamblea de Status y la ha postulado como una alternativa prioritaria. Sé que hay líderes penpés que apoyan la idea también. Pues vamos para adelante. Lo otro es engañar al pueblo. Hay que buscar un mecanismo nuevo para hablar a nombre del pueblo. Yo creo que hablo a nombre de la inmensa mayoría de los estadistas, de los estadolibristas y de los independentistas si digo que este pueblo está harto ya de postergaciones, está harto de genuflexiones y que quiere demandar como pueblo que Estados Unidos respete su voluntad.

A la altura del 2002, si este pueblo le habla a los americanos desde una Asamblea de Pueblo constituida debidamente, (ya sea la mayoría estadista, estadolibrista o independentista), los americanos tienen que escuchar ese reclamo y contestar. Y eso es bueno para este país. Vamos para adelante.

Quizás algunos piensen que el compañero Fernando, los compañeros que hablaron y yo estamos llenos de optimismo. Por supuesto que estamos llenos de optimismo. Sin prometerle a nadie nada están todos ustedes aquí debajo de este sol hace tres horas. Somos optimistas. Quiero darles una cita de don Pedro para que no se le olvide a nadie. Don Pedro que cuando no estuvo en la cárcel estuvo camino a ella, siempre tuvo fe y optimismo, y les dijo a los puertorriqueños: “Una filosofía optimista debe informar todas nuestras actuaciones. Llueve sobre Puerto Rico una doctrina pesimista que lo desmoraliza y lo acobarda y que debemos atajar en todo momento. Hay que levantar el espíritu público de Puerto Rico y decirle que puede llegar a ser lo que quiera y conquistar su independencia si así lo desea.” ¡Amén!

Compañeros, cuando dije hace un momento que estaba seguro de que estaba hablando a nombre de la inmensa mayoría de este pueblo de todas las ideologías, al formular el llamado inequívoco a votar como pueblo y a reclamar como pueblo de los Estados Unidos lo que sea la voluntad mayoritaria de este pueblo, no me equivoco. Miren si es así que el liderato popular, hasta ayer inmovilista salvo algunos sectores, hoy en día se está sentando a la mesa. Y se están sentando a la mesa porque saben cuáles son las señales de los tiempos. Porque saben que esto no aguanta más.

Pero los del PNP también están igual. Por eso el doctor Pesquera hoy ha tenido que hacer una contrapropuesta. Porque sabe que muchos estadistas buenos y honrados le están diciendo: “Hay que enfrentarse al problema del status. Si les hemos dicho a los populares toda la vida que ellos no se enfrentan al problema del status, ¿cómo nos vamos a convertir nosotros ahora en el obstáculo para que se enfrente el problema del status?” Además, si al doctor Pesquera no le gusta lo que sucede en ese comité, se retira. Le hago este llamado al doctor Pesquera, que venga a la mesa a conversar con nosotros. Ya van tres ideas de él, creo que muy buenas todas, con las que simpatizo. Yo tengo otras que estoy seguro él simpatizará con ellas.

Vamos a dejar a un lado las pequeñeces; el tiempo es apropiado. La luna que salió ayer es la misma pero es distinta a la que salió hace 104 años. Es momento de dar un salto adelante con mística, con visión. No dejemos que nuestra Patria se nos siga desmoronando en las manos. Vamos a enfilar el barco, vamos todos a remar hacia el mismo lugar, a hacer un reclamo como pueblo. Yo estoy seguro de que si la señora Calderón y el doctor Pesquera responden a este llamado Puerto Rico va encarrilado a resolver muy pronto el problema de su destino histórico y que pronto estaremos aquí, no para expulsar a los americanos a patadas, sino para decirles”Por aquí entraron ustedes. Esa piedra que es hoy símbolo de la invasión, vamos a convertirla en símbolo de la amistad entre dos pueblos que se respetan”.

¡Que viva Puerto Rico libre!