LAS VICTORIAS son importantes para los pueblos; fortalecen su confianza y sientan las bases para triunfos futuros.

Puerto Rico en su enfrentamiento desigual frente a dos de los más poderosos imperios de los últimos cinco siglos -España y Estados Unidos- ha tenido momentos de heroísmo sublime pero casi por definición muy pocas victorias. Por eso, nada más justo que celebremos a Vieques, la gran victoria de nuestro pueblo, nuestro triunfo más importante desde la invasión norteamericana; sin olvidar que celebración no es complacencia ni conformismo, particularmente cuando falta la tarea de recuperación y limpieza de las tierras.

Vieques también es motivo de reflexión. Hay que extraer las lecciones necesarias para así poder enfrentar los grandes retos que le quedan por delante a nuestro pueblo.

Después de Vieques, éste es otro Puerto Rico.

Ahora los puertorriqueños sabemos que podemos. Dejando a un lado diferencias hemos enfrentado con la desobediencia civil, con las armas de la paz, a la Marina de Guerra del país más poderoso del mundo y hemos vencido. Se ha comenzado a romper la impotencia colonial, obstáculo fundamental para nuestro desarrollo y libertad.

Los Estados Unidos, a su vez, se ha visto forzado a reconocer que Puerto Rico ya no tiene para ellos la importancia militar que desde siempre ha sido la razón fundamental para su dominio colonial sobre nuestra patria. Si no fuera así, jamás se hubieran retirado de Vieques ni estuvieran desmantelando Roosevelt Roads ni cuestionando su utilidad.

Esas nuevas realidades tendrán enormes repercusiones sobre el futuro de Puerto Rico. Después de Vieques, la agenda de Puerto Rico está prácticamente dictada por las nuevas circunstancias. Para superar nuestros problemas económicos y de subordinación política nuestros esfuerzos tienen que estar dirigidos a reclamar y lograr la devolución de la base de Ceiba y sobre todo a la solución del problema de status.

El traspaso del territorio y las facilidades de Roosevelt Roads es muy importante para nuestro desarrollo económico -8,600 acres a la entrada del Mar Caribe con extraordinarias facilidades de puerto y aeropuerto en conjunto con el proyectado Puerto de Las Américas del área Sur, constituirán una mina inagotable de riqueza. Subic Bay en las Filipinas y las múltiples bases norteamericanas cuyo cierre ha significado prosperidad para las regiones aledañas, son la mejor prueba. La posición geográfica de nuestra isla, en el pasado tantas veces nuestra cruz, se convierte hoy en nuestra redención.

El traspaso de Roosevelt Roads también le conviene a los Estados Unidos porque significará buen negocio para sus compañías y porque ayudará a romper la dependencia del Tesoro federal. Por eso, el colmo del colonialismo es que, cuando los propios intereses de la Marina pueden coincidir con los nuestros respecto a la base de Ceiba, el gobierno de Puerto Rico ha pasado a ocupar el papel reaccionario que antes ocupaba la Marina oponiéndose al cierre.

Respecto al status, la mayoría de los puertorriqueños no admite más excusas, postergaciones ni genuflexiones. Pero para descolonizarnos hay que atreverse, hay que exigir, hay que presionar por todos los medios legítimos a nuestra disposición. Si no le creamos un problema político a los Estados Unidos, como hicimos en Vieques, no lograremos nada; ni tan siquiera nos prestarán atención. El propio Muñoz Rivera reconoció la corrección de esta verdad evidente, de este axioma de la relación colonial, cuando a principio de siglo, a raíz de la inclusión de la independencia -junto a la estadidad y a la autonomía- en el programa del Partido Unión, dijo que: "un acto enérgico acaba de abrir más espacio en la conciencia nacional (de EE.UU.) que… años de cortesías infantiles y tolerancias vejatorias". Ya es tiempo de que todos los puertorriqueños, de todas las ideologías, aprendan esa lección. Los americanos la entienden; por eso respondieron en Vieques.

Afortunadamente en Puerto Rico, salvo notorias excepciones, se está aprendiendo la lección. Existe una opinión pública creciente que, desde diversas perspectivas ideológicas, postula la Asamblea Constituyente o Constitucional de Status como el mecanismo procesal más adecuado para enfrentar el problema de status y forzar su solución. Los que creemos en la soberanía apoyamos la Constituyente. También el ex gobernador Hernández Colón, en una serie de artículos, se ha pronunciado a favor de la idea. Y recientemente el presidente del Partido Nuevo Progresista (PNP), Carlos Ignacio Pesquera, ha dado un paso positivo al hacer pública su disposición de "reunirse" para discutir el tema del status, mientras el ex gobernador Rosselló ha expresado su voluntad de "llegar a unos consensos operacionales o de proceso que permitan que podamos ir con una voz unida en cuanto al proceso…"

En cuanto al status, las bases están sentadas. Con la fe en nosotros mismos fortalecida y bajo las nuevas circunstancias geopolíticas estamos en posición privilegiada para hacer realidad la Asamblea Constituyente o un proceso similar dirigido a nuestra descolonización. Lo que hace falta es voluntad política, arrojo y perseverancia. ¡Hay que ponerse de pie! Lo que hace falta es repetir el espíritu de Vieques.

Los Estados Unidos, en la nueva coyuntura histórica, harán, como en Vieques, lo que nosotros hagamos que hagan. Por eso podemos decir con plena convicción: hoy Vieques, mañana Puerto Rico.