Muy buenas tardes queridos compatriotas; queridas compatriotas.

Es un privilegio estar en la tarde de hoy aquí para todos y cada uno de nosotros. Nosotros los que estamos aquí presentes le vamos a poder contar a nuestros nietos, y ellos le van a contar a sus nietos, que hoy estuvimos en Vieques el día del inicio de la liberación. Los pueblos como el nuestro que han sido víctimas del control por parte de potencias extranjeras muy poderosas, primero bajo España y luego bajo Estados Unidos, hemos tenido momentos sublimes de heroísmo, pero no podemos contar muchas victorias. La naturaleza del dominio ha sido tal que no se nos ha hecho posible celebrar muchas victorias en nuestra historia. Y las victorias son importantísimas para los pueblos, porque las victorias les dan a los pueblos fe y confianza en sí mismo. Y, además, abren la puerta para nuevas victorias. Y yo puedo decir sin temor a equivocarme que desde la invasión norteamericana a Puerto Rico en el 1898, Vieques es la victoria mayor, más formidable y de mayor trascendencia en nuestra historia. Y también, sin temor a equivocarme, puedo decir que la historia de Puerto Rico se va a escribir antes y después de Vieques. ¡Éste es otro Puerto Rico!

Ésta ha sido una victoria de muchos puertorriqueños y puertorriqueñas; sería prolijo mencionarlos aquí, pero básicamente ha sido una victoria del pueblo viequense junto con el pueblo puertorriqueño. Esos son los grandes triunfadores en la tarde de hoy.

Para poder aprovechar plenamente esas victorias que se nos abren hacia el futuro, tenemos que aprender bien las lecciones de Vieques. No basta con tener una causa justa para tener una victoria con esa causa justa. La causa de Vieques siempre ha sido justa y sin embargo no pudimos empezar a obtener la victoria hasta el día de hoy. Se necesitan otros factores, unas circunstancias históricas que la posibiliten, unas organizaciones y una voluntad de un pueblo que la posibiliten. Y el pueblo va madurando, igual que los seres humanos. Esta lucha no empezó hace 3 o 4 años. Esta lucha empezó hace mucho, mucho tiempo.

Seríamos malagradecidos si no mencionaremos aquí en la tarde de hoy que esta historia empezó cuando en su segundo acto público en Puerto Rico luego de casi 10 años en cárcel, estuvo aquí reclamando estas tierras don Pedro Albizu Campos. Como todo profeta, don Pedro se adelantó a su tiempo. Luego le tocó a una generación de puertorriqueños lidereados por don Gilberto Concepción de Gracia seguir esa lucha del 1946 en adelante. En el '70, se retomó la lucha en Culebra a través de la desobediencia civil. En el '78 se retomó aquí en Vieques, y luego en la última etapa, han sido múltiples los puertorriqueños que han contribuido, cada uno desde su perspectiva, desde la sindical, desde la religiosa, desde la ambientalista, desde la política, desde la personal, a esa lucha. Es, por lo tanto, una lucha de todos. Tiene su tracto, tiene su historia, y tenemos que aprender las lecciones de esa historia. El momento era oportuno a finales del siglo 20, estaba madurando. Se había acabado la guerra fría, pero se necesitaba un empujón adicional, porque ni los Estados Unidos, ni ningún otro imperio han cedido voluntariamente y por su buena fe los privilegios que tiene sobre una colonia. La clave de Vieques fue que a través de la no-violencia, de la militancia pacífica, y de la desobediencia civil, le causamos un problema mayúsculo al gobierno de los Estados Unidos aquí en Vieques. Se lo causamos por la acción del pueblo puertorriqueño. Se lo causamos por la acción de los puertorriqueños, latinos y el movimiento negro en los Estados Unidos; se lo causamos por la opinión pública internacional y todas esas vertientes y corrientes concluyeron en un enorme río que hizo fructificar lo que hasta entonces había sido el terreno infértil. Por eso yo he dicho, y repito hoy aquí que los Estados Unidos harán lo que nosotros hagamos que hagan. Y por eso es que en este momento de nuestra historia, equipados con esa fe y confianza en nosotros mismos, dejando aparte diferencias accidentales y transitorias, debemos utilizar a Vieques como ejemplo para las grandes luchas que nos quedan por delante como pueblo. Vieques debe ser la inspiración de todos los puertorriqueños.

La agenda para el futuro está trazada. Completar la devolución de los terrenos de Vieques a propiedad de los puertorriqueños y la limpieza de los terrenos, y aprovechar la coyuntura, porque por primera vez parece coincidir el interés de la Marina con el interés de los puertorriqueños, para recuperar el territorio de Ceiba para el beneficio de los puertorriqueños. Las más de 10,000 cuerdas de Ceiba se pueden convertir, junto con Vieques, junto con Culebra, y junto con los planes que existen del Puerto de Trasbordo de la costa sur, en el gran polo de desarrollo económico y social para Puerto Rico, para producir empleos, para traer prosperidad para que nuestro pueblo pueda vivir de su propio trabajo y mirar al futuro con dignidad. Este es el momento para hacer ese reclamo. Ya el pueblo buscará su forma. Distintos sectores tendrán distintas formas. Pero como primer paso, la Legislatura de Puerto Rico debe pararse en sus dos pies como hizo con Vieques una vez el movimiento de desobediencia civil estaba encampanado y demandar de los Estado! s Unidos, ahora que la Marina dice que se quiere ir de Roosevelt Roads, ese territorio, que como Vieques, también es territorio de Puerto Rico. Esa debe ser tarea que venga inspirada por Vieques, en donde cada cual contribuya, sin dejar de ser cada uno lo que es, los que crean en una solución estadista para Puerto Rico a su forma, los que crean en una solución estadolibrista a su forma, los que creamos en la soberanía y en la libertad a nuestra forma; todos para el rescate de Ceiba. Esa es la gran mina, la gran mina que no ha sido explotada, y que en el mundo de hoy en día nos permitirá insertarnos en las corrientes internacionales de la economía para ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente y no tenernos que arrodillar ante ningún extranjero. Y eso debe ser la meta de todos los puertorriqueños sin distinción de ideología y en cuanto a status.

El segundo punto en la agenda que tenemos que enfrentar con el mismo espíritu de Vieques, repito, con el mismo espíritu de Vieques, es enfrentar el problema angustioso del estatus político de Puerto Rico. Podemos ponernos de acuerdo, y ya hay señales de distintos sectores ideológicos, con un procedimiento que nos permita a los puertorriqueños reunirnos y por voluntad mayoritaria exigirle a los Estados Unidos una solución al problema. Igual que en Vieques le causamos un problema con la desobediencia civil, en el asunto del estatus le vamos a causar un problema cuando estadistas, estadolibristas e independentistas nos reunamos en una constituyente de pueblo y le digamos a los americanos que tienen que respetar la voluntad del pueblo puertorriqueño. Y que no se levante esa Constituyente hasta que esté resuelto el problema. Yo hago una invitación, igual que lo hice desde la playa aquí en Vieques, a todos los puertorriqueños para que hagamos las gestiones respecto a Ceiba y las gestiones respecto al estatus. Ese es el camino que nos ha señalado Vieques. Dejar aparte los accidentes, darse cuenta que de allá van a responder solamente cuando los empujemos, porque si no, no van a responder; reunirnos aquí y resolver nuestros problemas. Esa es la agenda del futuro de este pueblo. Una pena, una pena que con esta agenda tan clara, que se cae casi de la mata, que traen las circunstancias históricas como realidad, no estén aquí con nosotros los que durante años y años y años padecieron y sufrieron para mantener la llama viva, para que no se extinguiera la llama de la vergüenza, de la dignidad y del respeto de los puertorriqueños. Pienso todavía allá en la playa un día que llegó una persona, llegaron muchos, pero llegó uno sobre todo que lo tengo en la memoria, porque fue de los batalladores aquí en Vieques desde la década del 1950, a don Jesús Nieves, que muchos de ustedes recuerdan, los viequenses, y pensaba hoy cuando venía para acá, "!Que pena que don Jesús no esté hoy para recoger el fruto que sembró!". Porque a las celebraciones, todo el mundo viene. A todo el mundo le gusta estar en el momento de las celebraciones. Difícil era cuando estaba aquí don Jesús con diez, quince, treinta-- treinta Quijotes manteniendo esa llama viva. Y pensé: "Don Jesús no está con nosotros aquí". Pero don Jesús y don Felipe Ventura, y don Rafael Calderón, y don Elías García, y todos esos patriotas hombres y mujeres que aquí se fajaron por Vieques cuando nadie se atrevía a levantar la mano, ellos levantaron y dijeron: "Aquí hay fe; aquí hay seres humanos con dignidad para prestarle a todos los que no se atreven defender su dignidad". Y esos hombres, y muchos otros, y esas mujeres, y fueron muchas también, fueron los responsables que hoy estemos aquí celebrando. Cuando hay hiel pocos vienen, cuando hay miel todos vienen. Pero no hay que preguntarle a nadie por qué vienen. Hay desde las razones más sublimes hasta las más pedestres. Recordemos a don Jesús, que estuvo toda una vida, recordamos a los que han estado fajados aquí toda una vida, pero también a los que llegaron ayer o antes de ayer. ¿Por qué no? Ellos son hermanos y hermanas puertorriqueñas. ¡Que se unan a la fiesta más grande de la historia de Puerto Rico! ¡Es la historia de la victoria que nos señala el camino hacia el futuro! ¡Hoy Vieques, mañana Puerto Rico!