“[los]... de la cantinela de la autonomía,
los maestros malabaristas de la podrida
política colonial... [son] los enemigos más
encarnizados y gratuitos del nacionalismo...”.
Pedro Albizu Campos.

La Ley de Reclamo y Autodeterminación aprobada unánimemente por la Legislatura y vetada por el gobernador Aníbal Acevedo Vilá, luego de comprometerse a firmarla, ha evidenciado una serie de realidades y lecciones que es necesario reiterar y precisar para que el independentismo pueda orientar con mayor efectividad su acción política y enfrentar a los enemigos que la obstaculizan.

¿Cuáles son esas realidades y esas lecciones?

En primer lugar, el Partido Popular Democrático (PPD) es por naturaleza un partido irremediablemente colonialista e inmovilista. Esto es así, pues si se definiera no sería una opción de poder y de presupuesto ya que su indefinición es lo que le permite seducir votos de los que se inclinan hacia la estadidad o hacia la independencia.

Por esa razón, como institución, el PPD ni está ni estará dispuesto a participar en proceso alguno que lleve a la definición y a la descolonización.

Jamás aceptarán, por lo tanto, una verdadera Asamblea Constitucional de Status entre la independencia, la integración y la libre asociación según la define el derecho internacional. Utilizarán el término como anzuelo electoral, pero sólo aceptarán una Asamblea Constitucional de Status de mentira que incluya el Estado Libre Asociado (ELA) actual que, según ellos, no es colonial. Es un viejo ardid del PPD, vaciar de su contenido los símbolos patrios y los conceptos para perpetuar el colonialismo al igual que hace medio siglo cuando se apropiaron de la bandera puertorriqueña para izarla junto a la otra y falsificaron la Constituyente para bautizar la colonia.

Consecuentemente ya han comenzado a preparar su próxima trampa para las elecciones del 2008; para alegar que el PPD es el defensor de la Asamblea Constitucional de Status y que necesitan Cámara y Senado, además de la gobernación, para hacerla realidad. A esos fines ya han radicado un proyecto fatulo que saben de antemano está destinado al fracaso y que, por lo tanto, no es más que un simulacro y una pantalla para encubrir su inmovilismo.

El liderato popular sólo cree en maquillar la colonia pues sólo así puede continuar en la indefinición de la cual depende su fuerza electoral. Su nuevo engaño es que la Asamblea Constitucional está a la vuelta de la esquina.

En segundo lugar, en Puerto Rico hay gente que en el pasado luchó por la independencia, pero que ya se frustró, perdió la esperanza, se rindió o se entregó, y que autoproclamándose líderes de la Sociedad Civil han echado su suerte con el PPD y el colonialismo. Se han convertido en populares no afiliados enemigos del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP).

Han optado por la vieja teoría muñocista de que con el PPD también la independencia está a la vuelta de la esquina. Proclamándose independentistas votan o invitan a votar por el PPD y constantemente atacan al PIP. Son los mismos que recientemente hicieron causa común con los sectores más inmovilistas del Partido Popular para impedir la aprobación de un proyecto de status que habría tenido consecuencias históricas para nuestra descolonización.

Pero ese mal no viene de ahora. Por décadas han utilizado diversas campañas y estrategias dirigidas a favorecer al PPD y a perjudicar a nuestro partido. Por eso, en contubernio con el liderato popular y engañando a mucha gente honesta, pasaron de “el pueblo entero contra Romero”, a la “conspiración anexionista”, al “gobierno araña”, a la “nación en marcha”, a votar por “ninguna de las anteriores” en vez de por la independencia, a la campaña del 2004, pidiendo ya desembozadamente a los independentistas que votaran por el PPD.

Para llevar a cabo esa faena, han contado con el antiindependentismo de algunos medios de comunicación, y particularmente de ciertos medios radiales controlados por populares prominentes que desde hace años le pagan a algunas de estas personas cantidades sustanciales para que diariamente intenten desacreditar al PIP y le hagan el juego al colonialismo.

En tercer lugar, el PIP es el fiel de la balanza de nuestra política e instrumento indispensable para la solución de nuestro problema colonial.

El prestigio, la constancia y la gravitación del PIP dentro y fuera del marco electoral-unidos a la corrección de nuestra estrategia- es, como se demostró en Vieques, lo que nos permite contribuir a alterar la realidad política del país. En el caso de la Ley de Reclamo la propuesta del PIP fue determinante para que se aprobara unánimemente el proyecto de ley sobre status que representaba un adelanto extraordinario para nuestra descolonización. De haberse convertido en ley hubieran cambiado para siempre las reglas de juego de la política colonial. Por eso se comprende que el Gobernador y presidente del PPD lo vetara, aunque con ello desacreditara su credibilidad y se desenmascarara renegando de su palabra. Pero es inconcebible y grotesco que algún alegado anticolonialista, y mucho menos un independentista, se opusiera a que nuestro pueblo, por primera vez en la historia y por votación aplastante, demandara su descolonización. No obstante, las razones de fondo que produjeron la votación en la Legislatura son parte de la realidad y tarde o temprano fructificarán de una forma u otra.

Por último, es necesario reiterar que no hay independencia que se haya logrado sin un independentismo organizado, sin organizaciones políticas independentistas firmes y sin ambivalencias ideológicas.

En Puerto Rico hay un solo partido independentista que participa en el proceso electoral: el PIP. En palabras de don Gilberto Concepción de Gracia: “Nosotros representamos más que a un partido, una causa... el Partido Independentista Puertorriqueño es el custodio y defensor del ideal;... el corazón, firme y palpitante del pueblo independentista”. Fortalecer ese partido es la obligación de todo independentista que participa en las elecciones y el que lo socava y lo combate, es un enemigo de la independencia; al igual que lo sería el que alegando ser independentista delatara a otros independentistas por haber hecho uso de métodos de lucha que no son los que uno favorece.

En vista de todas estas realidades, es necesario hoy más que nunca, identificar claramente a nuestros adversarios para poder orientar con mayor efectividad nuestra acción política.

Al adversario estadista que es el enemigo estratégico, es fácil identificarlo para combatirlo pues viene sin máscara. Pero el adversario más inmediato, el enemigo más “encarnizado y gratuito” del independentismo, es el colonialismo estadolibrista, que es el semillero de estadistas, el que le quita apoyo y fuerza electoral al independentismo y el que impide la suprema definición, que es el camino a la independencia. Por eso, al liderato del PPD, que se cubre con la hoja de parra de un “nacionalismo cultural” para engañar a los incautos, hay que desenmascararlo -al igual que a sus colaboradores- para combatirlo de frente y sin ambivalencias. Que el partido colonialista es el enemigo más “encarnizado y gratuito” del independentismo, ya lo había advertido don Pedro desde el 1930; pero hasta ahora no lo habíamos denunciado con suficiente claridad y contundencia. No es de extrañar, por lo tanto, que algunos se confundieran. La acción política del PIP tiene que estar dirigida a fortalecer nuestro partido, al mismo tiempo que combatimos y desenmascaramos tajantemente y sin rodeos a nuestros adversarios. Esa es la lección que dicta la realidad.