Octubre es un mes memorable para el independentismo. Un 20 de octubre del 1946 se fundó el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el 30 de octubre del 1950 se proclamó la República en Jayuya a raíz de la Revolución Nacionalista. Ningún momento más oportuno para reflexionar sobre la naturaleza de la lucha por la independencia y contra el colonialismo; y ninguna forma más efectiva de hacerlo que contrastando el albizuismo y el muñocismo.

El muñocismo tiene como prioridad política el poder. El albizuismo tiene como prioridad política la independencia. El primero se propone obtener y mantener el poder colonial. El segundo, lograr la independencia alterando las relaciones de poder.

Los muñocistas y sus predecesores han utilizado las más variadas estratagemas para lograr sus objetivos, incluso prometer la independencia cuando hacerlo convenía electoralmente. En la década del 30, por ejemplo, el Partido Liberal de Antonio R. Barceló y Luis Muñoz Marín incluyó la independencia en su programa, aunque ya desde entonces don Pedro Albizu Campos alertó sobre la verdadera naturaleza de esa tendencia. Decía: “El gobierno yanqui, hoy en su defensa contra el avance del nacionalismo, usa el parapeto de los liberales que simulan una independencia para después. El poder yanqui no puede usar contra el nacionalismo a la coalición (es decir, a los estadistas) porque esa agrupación está matizada de un anexionismo histórico”. A pesar de la advertencia, el Partido Nacionalista, que participó en las elecciones del 1932, sólo obtuvo alrededor de 5 mil votos (poco más del 1%), mientras el Partido Liberal cerca de 200 mil.

En las elecciones de 1940 el muñocismo, consolidado en el Partido Popular Democrático (PPD) y -con don Pedro en la cárcel- postuló la teoría de la “independencia a la vuelta de la esquina” como medio para alcanzar el poder.

Con posterioridad a la Segunda Guerra, y luego del abandono de la independencia por parte del PPD y de la expulsión de los independentistas de ese partido en el 1945, el muñocismo resucitó la vieja teoría de un régimen colonial intermedio con un nombre ya utilizado en la década del 1920, el Estado Libre Asociado.

En el 1946, ante esas realidades y la traición de Muñoz Marín se funda el PIP, que incluyó en su nombre la ideología “Independentista” para que quedara claro que la independencia era su prioridad política y que el que se desviara de la misma se ponía al margen del partido. El PIP adoptó entonces la estrategia electoral utilizada por el Partido Nacionalista en el 1932, mientras el Partido Nacionalista encabezó la Revolución del 1950.

De ahí en adelante quedó tajantemente definida la diferencia entre el muñocismo de un lado, y del otro el albizuismo, en sus dos vertientes; la civil o electoral a la que se adscribió el PIP bajo el liderato de don Gilberto Concepción de Gracia, y la revolucionaria o de lucha armada bajo el liderato de don Pedro.

La lección de esa época fue clara y contundente: el colonialismo es una enfermedad contagiosa; y los que en la colonia tienen como prioridad la obtención del poder y no el logro de la independencia, terminan siendo tragados por el colonialismo. Por lo tanto, desde la década del 50, y luego de la inmisericorde represión antiindependentista por parte del liderato del PPD, ningún independentista osó coquetear públicamente con el muñocismo.

No obstante, para finales de los 70 un sector del independentismo desesperado, confundido y frustrado por su propia experiencia política, y resignado por un sentimiento de impotencia ante el colonialismo norteamericano, comenzó a esbozar teorías y estrategias destinadas a apoyar al PPD y evitar el crecimiento del PIP.

Pasaron de “el pueblo entero contra Romero” a la “conspiración anexionista” y luego a la “Nación en Marcha” y a “Ninguna de las Anteriores”, excusas todas para favorecer al partido colonial. Finalmente, se perdieron en ese atajo, olvidaron que “quien desencadena los vientos ha de saber y poder dirigirlos” y terminaron en el 2004 pidiendo sin ambages ni caretas el voto por el PPD con el pretexto de derrotar a Rosselló. Y para mayor vergüenza luego de las elecciones y del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos, en la defensiva y desenmascarados, reafirman y se enorgullecen de su apoyo electoral a Aníbal Acevedo Vilá al tiempo que se rasgan las vestiduras criticando el crimen de los federales, pero minimizando y exculpando la colaboración del gobierno colonial para no costarle votos al PPD. Truenan ante el imperialismo y arrullan al PPD y a Acevedo Vilá. ¡Como tiembla el imperialismo!

Probaron la fruta del árbol prohibido y ya no pueden vivir sin ella, pero pretenden encubrir su claudicación y validar su utilidad al PPD reclamando ser independentistas. Son muñocistas disfrazados de independentistas.

Al presente ese pequeño grupo, amplificado por algunos medios de comunicación antiindependentistas, continúan en la misma faena intentando desprestigiar al partido de la independencia que ellos entienden le resta votos al PPD. Por eso, para no quitarle ni un voto al PPD, tampoco organizan un nuevo partido independentista. Por eso también, ya han anticipado el pretexto para votar por el PPD en las próximas elecciones anunciando desde ahora su apoyo a una Asamblea Constitucional de Status de mentiras impulsada por el PPD y cuyo propósito es ratificar el colonialismo. Adelanto que como parte de esa estrategia ya han comenzado a impulsar, con el visto bueno de Acevedo Vilá, el nombramiento de una comisión, un nuevo embeleco (ya lo verán), compuesta por supuestos representantes de una supuesta sociedad civil con el evidente propósito de recomendar la Asamblea Constitucional de mentiras o algún mecanismo similar que el PPD habrá de incluir en su próximo programa electoral.

Los muñocistas confesos siempre utilizan un señuelo, una carnada para intentar atraer el voto de algunos independentistas incautos; de ahí el “Bill Fernós”, la “Nueva Tesis”, el “Pronunciamiento de Aguas Buenas”, la “culminación del ELA”, la “Asamblea Constitucional” de mentiras, y cualquier otro embeleco. Aunque, por supuesto, en su afán por el poder y para seducir a los más débiles, el muñocismo se vale sobre todo de factores más pedestres. Utilizan como carnada “los olores de la cocina del regente colonial”, el “cheque”, la tentación del presupuesto, ese “anhelado ensueño” que en palabras de don Pedro “para el Partido Liberal (hoy Popular) se ha convertido casi en un delirio”.

Ante esas realidades, hoy más que nunca es necesario reafirmarse en el albizuismo. Los independentistas tenemos que mantener el fuego encendido y ahuyentar los lobos en lo que llega la madrugada. Como en Vieques, llegará y mientras llega, ya lo dijo Martí: “Los flojos respeten, los grandes adelante. Esto es tarea de grandes”.