A nadie -ni siquiera al presidente Obama- sorprendió que el presidente Daniel Ortega, en su discurso de apertura de la Cumbre de las Américas, como vocero de América Latina, denunciara la ausencia de Cuba en dicha reunión. La sorpresa fue que destacara a Puerto Rico como el otro gran ausente. Tan inesperado fue que, según la prensa, Obama le preguntó al comisionado Pierluisi “si se había reunido con Ortega”.

Quien no se sorprendió fue Fernando Martín, presente también en Puerto España, Trinidad. Esperaba la culminación de un prolongado esfuerzo, y la materialización del compromiso que recientemente nos hiciera el canciller nigaragüense Samuel Santos en la reunión del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe (SICLAC), celebrada en Guatemala. Allí, más de treinta partidos latinoamericanos acordaron: “Exhortar a los jefes de Estado participantes en la Cumbre a avanzar en un nuevo diálogo con los Estados Unidos (que) debe incluir prioritariamente… necesaria solución democrática de las cuestiones derivadas del colonialismo y la Guerra Fría, como es el caso del status de la nación latinoamericana de Puerto Rico, y de su examen en la Asamblea General de la ONU, de acuerdo a la decisión del Comité Especial sobre Descolonización...”.

Ya lo advirtió De Diego, aunque algunos insistan en ignorarlo: “Puerto Rico también es parte de la bola del mundo” y aquí también las grandes corrientes históricas y geopolíticas, no las preferencias coyunturales, moldean el futuro.

La solidaridad de América Latina se remonta a Betances y Hostos, pasando por De Diego, don Pedro y don Gilberto. Con el triunfo de la revolución cubana se abrió un nuevo capítulo; fue significativa, entonces, la labor del MPI (Movimiento Pro Independencia) y de doña Laura viuda de Albizu Campos.

La Comisión Permanente de Partidos Políticos de América Latina (Copppal), la más importante organización de partidos latinoamericanos de la cual el PIP es miembro fundador, desde su origen en 1979 estableció como principio el respaldo a nuestra independencia. En el 2006, por iniciativa del PIP y auspiciada por la Copppal y la SICLAC, 33 partidos de 22 países se reunieron en Panamá en el Congreso Latinoamericano por la Independencia de Puerto Rico para ampliar y profundizar el apoyo de la América Latina a nuestra descolonización.

En esa ocasión el presidente Torrijos, ahora recién electo presidente de la SICLAC, perfiló la agenda de América Latina respecto a Puerto Rico: “El problema de fondo es que Puerto Rico es la única nación hispanoamericana que permanece bajo régimen colonial. Para los latinoamericanos corregir para siempre esta anomalía debe ser una cuestión de principios y una prioridad continental. Lo que toca es acordar lo necesario para materializar el derecho puertorriqueño de constituir una república independiente. De lo que se trata es de impulsar un diálogo hemisférico sobre este tema, a fin de concertar cuanto antes un programa de transición que -de una vez por todas- solucione ese problema de manera igualmente digna y eficiente para todos los involucrados. América Latina puede ofrecer sus buenos oficios, alentar ese acuerdo y ser garante del cumplimiento y la sustentabilidad de ese programa”.

Hoy, como evidenció la Cumbre, la independencia de Puerto Rico es parte esencial de la agenda de la América Latina.

Si Estados Unidos pretende establecer una nueva relación con la nueva América Latina ya no puede ignorar el caso colonial de Puerto Rico. El asunto a resolver es hasta dónde se va a extender la frontera de los Estados Unidos en la América Latina. La pretensión de que Cuba y Puerto Rico fueran, de distintas maneras, apéndices de los Estados Unidos ha fracasado y está llegando a su fin.

Las mayorías y minorías electorales, como ha comprobado el siglo 20 y el presente en Puerto Rico, son producto del tiempo y las circunstancias. Lo que es permanente es que Puerto Rico es una nación latinoamericana y, como tal, por voluntad de los puertorriqueños encontrará su futuro entre los pueblos libres de América.