Muchos han querido ocultar la memoria de don Gilberto Concepción de Gracia. “El olvido de las grandes figuras tiene como su principal razón absolver y agrandar a las pequeñas”, sentenció Sarmiento.

Don Gilberto es combate al colonialismo, intransigencia en defensa de la independencia, racionalidad, constancia y pulcritud. Ese ejemplo no lo quieren permitir nuestros enemigos.

Don Gilberto vivió la época de la persecución inmisericorde y del becerro de oro donde, como diría Matienzo, “el ideal se convirtió en un lechón asado y la bandera en servilleta”. Pasó sin mancha por un pantano de traiciones, ingratitudes y entregas; pero la adversidad purificó su espíritu. Tenía un claro itinerario moral.

La política fue para don Gilberto la capacidad para cambiar la realidad, “la más noble de las profesiones, el más alto sacerdocio”. Puso su sabiduría al servicio de la independencia y la “genuina justicia social” y fundó el Partido Independentista, “con el propósito primordial de laborar pacíficamente por la constitución de Puerto Rico en una república independiente, soberana y democrática. Esta finalidad no podrá ser alterada”. Don Gilberto escogió la lucha digna y frontal del heroísmo civil, y nada lo desvió.

El mayor homenaje en su centenario es utilizar las actuales circunstancias para hacer la independencia. Ya él mismo había previsto en 1964 que “una economía artificial preconiza… el desplazamiento total del puertorriqueño, el debilitamiento de nuestras bases culturales y el caos social”.

En Puerto Rico el problema de fondo es el colonialismo. El ELA y la estadidad son para nuestra nación latinoamericana dos caras de un solo sistema de subordinación, dependencia, marginación e injusticia. La estadidad es la colonia del ELA con otra máscara jurídica.

Para don Gilberto, como para Martí, la colonia, bajo el nombre de autonomía, siempre fue “fantasmagoría”, “que no resuelve nuestros problemas”, aun cuando la autonomía incluía la representación en el parlamento español, al igual que la estadidad sería hoy la colonia, la autonomía, con representación congresional.

Pero también, como Martí sabía que la autonomía bajo cualquier disfraz habría de ser “útil” a la independencia el día en que se comprobara “su insuficiencia y falsedad… como se hubiese comprobado a poco de su establecimiento o la imposibilidad de conseguirla”.

Hoy, comprobada la insuficiencia y la falsedad de la colonia estadolibrista, se hace evidente la imposibilidad de la colonia culminada: la estadidad.

Ante esas realidades, tenemos que forzar a Estados Unidos a enfrentar el problema colonial, la suprema definición como preludio de nuestra independencia.

El momento se acerca. Todo apunta a que en Washington no pasará nada y el asunto revertirá a Puerto Rico, como el propio programa del PNP lo postula. El PPD ha propuesto un referéndum estadidad sí o no; y el PIP que se elija entre Asamblea Constituyente o plebiscito.

Pero hay muchos inmovilistas en el PPD y PNP. En el PPD mandan; y en el PNP conocen el riesgo: si pierden, pierden, y si ganan, pierden también. No obstante, ante la quiebra del sistema, se multiplican los que reclaman la definición.

Los independentistas debemos sentirnos optimistas porque inevitablemente llegará la definición, y estaremos en primera fila, abiertos al diálogo y flexibles.

Para acelerar el proceso tenemos que fortalecer nuestro Partido. No hay independencia que se haya logrado sin un independentismo organizado. De ello depende su gravitación y capacidad para transformar la realidad.

Por décadas hemos anticipado y esperado este momento. En Vieques no rehusamos la confrontación y triunfamos. Esta no es misión para los timoratos ni para los frustrados que perdieron la fe.

Ahora que se cayó el modelo colonial y nuestro pueblo está buscando salida a su deshonra nacional, ahora que el colonialismo está proscrito y Latinoamérica se levanta, es el momento: ¡yanquis o latinoamericanos!

Como don Gilberto, “¡A la lucha y a la victoria!”.