Estamos en el siglo 21 y a esta altura de la historia Puerto Rico es una colonia de los Estados Unidos.

El pueblo de Puerto Rico tiene el derecho inalienable a la libre determinación e independencia. Compete a nuestro pueblo decidir cómo, cuándo y de qué manera habrá de ejercitar el derecho a la libre determinación. Pero el gobierno norteamericano, también tiene la obligación legal y ética de honrar ese derecho.

En innumerables ocasiones el Congreso ha rehusado cumplir con esa obligación y se ha negado a facilitar un proceso para que nuestro pueblo pueda ejercitar dicho derecho.

La inacción congresional nos obliga a vivir bajo la camisa de fuerza del colonialismo que ha llevado a Puerto Rico a la bancarrota económica, social y moral. En Puerto Rico nuestro pueblo está en las calles expresando su frustración e indignación. Esa es la realidad de la colonia luego de 112 años bajo la soberanía de Estados Unidos.

Ante eso la Cámara de Representantes contesta con el PC 2499. Cínicamente titulado Proyecto Democrático de Puerto Rico, esta pieza legislativa está dirigida supuestamente a adelantar la libre determinación. No obstante, propone la continuación del status territorial –no una sino dos veces- como alternativa a la subordinación territorial, aún contra la voluntad original de sus auspiciadores. Esto añade insulto a la injuria. Por supuesto, pudo haber sido peor. Además de la actual relación territorial, alguien pudo haber pensado incluir alguna forma modificada de ELA siguiendo el patrón de lo que el Senador Bingaman llamó oferta de “cerveza y barbacoa gratis”.

El colonialismo, consentido o no, constituye la negación del principio de la democracia que requiere la participación de los gobernados en la determinación de las leyes que rigen su vida. Una colonia democrática es una contradicción en términos; a lo máximo, una jaula de oropel. La esclavitud o el apartheid no habrían sido menos abominable si hubieran disfrutado de apoyo popular, pues se presume que dicho apoyo es consecuencia de la manipulación, la intimidación y el engaño. De igual forma, el consentimiento al colonialismo, lo es sólo en apariencia ya que es el producto de la coerción colectiva.

El status territorial en Puerto Rico existe porque esa ha sido la voluntad de los EU. Durante años ustedes han marginado y criminalizado la independencia. Ahora le temen a una potencial petición de estadidad porque concederle la estadidad a una nación latinoamericana y caribeña como Puerto Rico es incompatible con los intereses nacionales de los Estados Unidos. De ahí la naturaleza contradictoria del PC 2499. Los Estados Unidos ni es ni aspira a ser un estado multinacional; multicultural quizás, multinacional jamás.

Los que nos respetamos a nosotros mismos y creemos en la democracia y la libre determinación repudiamos esta maniobra fraudulenta diseñada para perpetuar el colonialismo y esquivar la obligación descolonizadora de los Estados Unidos. Denunciaremos este fraude no sólo en Puerto Rico sino ante la comunidad internacional.

¿Qué debe hacer el Congreso? Simplemente debe declarar su intención de ponerle fin al colonialismo en Puerto Rico disponiendo del territorio y comprometerse a recibir y actuar respondiendo a una propuesta de descolonización acordada por nuestro pueblo a través de un mecanismo procesal a ser determinado por nosotros entre alternativas reconocidas por el Derecho Internacional.

Los puertorriqueños –y estoy seguro que hablo por la gran mayoría- estamos ya hartos de la actitud paternalista y condescendiente del gobierno de los Estados Unidos tan claramente reflejada en el PC 2499. ¡Basta ya! Más de cien años de coloniaje no han logrado quebrar nuestro espíritu nacional. Por la misma razón que ustedes jamás aceptarán a Puerto Rico como estado –porque somos una nación- no importa la decisión que tome el Congreso respecto al HR 2499, Puerto Rico se descolonizará y seremos dueños de nuestro propio destino.