denismarquezFondoBlanco

Un sueño de visión seca

Por Denis Márquez
Secretario de Organización
Partido Independentista Puertorriqueño
Artículo METRO 13/agosto/2015

Las crisis no se dan aisladamente y la de Puerto Rico no es la excepción. Los problemas económicos, financieros, educativos, urbanos y sociales están todos entrelazados. La crisis de la sequía, por ejemplo, no se puede leer simplemente como ausencia de lluvia en los embalses que suplen agua a sectores del Área Metropolitana. Esto sólo dramatiza las razones que la provocan, porque esta crisis es consecuencia de un problema que permea todo el gobierno y sus instituciones: la incapacidad de planificar, la irresponsabilidad en la gestión pública, la constante entrega a los grandes intereses y la horrenda práctica del clientelismo político. Mientras, miles de familias viven diariamente la angustia de la falta de agua y, al igual que los comercios e industrias, tienen que transformar sus procesos de vida haciendo "de tripas corazones" para poder subsistir.
Para la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados "manejar la crisis" se ha traducido por un lado en la contratación de compañías que "siembran nubes" para que llueva, y por otro en planificar, "muy científicamente", aumentar las tarifas en cuatro a cinco años, alegando una planificación adecuada de las finanzas. Sin embargo, alrededor de quinientas escuelas hoy tienen que modificar y reducir sus horarios por no tener agua, repercutiendo así en la vida social, laboral y económica de las familias y comunidades escolares.

La AAA habla de la ausencia de rigor y control sobre los diversos pozos de agua y nos anuncia la "muerte que se avecina", que los embalses agonizan y que el deceso es seguro. Miles de familias que luchan por pagar sus hipotecas y cuentas, que están pagando un IVU más alto, que se angustian diariamente por la posibilidad de perder sus trabajos o de ser víctimas de un crimen, añaden ahora a esta lista la de pensar si tendrán o no agua y hasta dónde se extenderán las tensiones que esto supone para su salud física, mental y fiscal. El gobierno, a quien le correspondería asumir efectivamente esta crisis, sueña con el radar meteorológico que pronostique -lo que antes no queríamos- la tormenta con mucha lluvia que le permita anunciar al país triunfalistamente, "Señoras y señores, el racionamiento ha terminado". Le pagarán al del avión que siembra nubes, a los contratistas de las camiones de los oasis, a los de publicidad; abrirán la pluma y todo volverá a la supuesta normalidad.

Ese "sueño" de la AAA simplemente demuestra lo que se ha denunciado por años y seguimos repitiendo: la ausencia de una política pública de planificación urbana que proponga que el desarrollo de la infraestructura y la construcción vaya acorde con la protección de los recursos naturales y no continuar con la inmensa siembra de cemento que ha arrasado con miles de cuerdas de terrenos en áreas cercanas a nuestros ríos y acuíferos. Esa ausencia de planificación propende a incongruencias como que en sectores de San Juan, por ejemplo, que están divididos por una avenida, tengan racionamiento extremo a un lado de ésta y al otro se recibía agua de manera normal.

El gobierno tiene que dar respuestas a las interrogantes inmediatas. ¿Cuáles son las medidas para resolver la crisis más allá de culpar a los ciudadanía y de esperar a que llueva? ¿Qué va a suceder si la gran tormenta no llega? Y si llega, ¿cuáles son las propuestas de futuro, de planificación preventiva? En mayo pasado, en este mismo periódico, indiqué varias de las que el Partido Independentista Puertorriqueño ha planteado constantemente en sus programas de gobierno y mediante legislación. Algunos ejemplos fueron el de enmendar el Plan Integral de Aguas de Puerto Rico para reducir el malgasto; instituir un programa para renovar y sustituir el actual sistema de distribución de agua potable; analizar la legislación existente -para integrarla y mejorarla- dirigida a proteger las cuencas hidrográficas que nos suplen actual y potencialmente el agua potable; e implantar una política pública de reciclaje de aguas usadas luego de tratamientos biológicos y químicos adecuados. De igual forma, las universidades, grupos ambientalistas y de conservación han dado voz de alarma por años. También han sugerido innovadoras ideas y han compartido los hallazgos de sus estudios y propuestas. No obstante, el Gobierno no escucha, o no quiere escuchar, atiende a los de siempre, a los que se benefician de las crisis y quienes les pagarán con creces en el proceso electoral que se avecina.