| Artículo
de Juan Alcaide Sección de Prensa y Comunicaciones del Comite PIP en Nueva York. |
Por lo que no puedo ver, llevo los ojos abiertos. Así reza un verso del magistral poeta español Pedro Salinas. Es uno de esos versos que, al dar con ellos, sea por casualidad o con toda intención, no queda otro remedio que guardarlo en algún lugar del corazón y esperar a que la vida nos brinde el fugaz momento de entenderlo a plenitud. El riesgo estriba, claro está, en la real posibilidad de que jamás logremos alcanzar tan sublime dicha. Tal vez una causa trascendental, un mítico lugar, un afán de hacer justicia noslleve de la mano a profundizar en el verso de Salinas. Y así, después de muchos años de haber guardado en un rincón, como tantos otros resignados lectores, la rosa ideal del poeta, topé, en una playa llamada Gilberto Concepción de Gracia, en Vieques Puerto Rico, con los materiales que componen este ilumunado verso. En el puerto de La Esperanza, al oeste de la isla de Vieques, esperan los pescadores para transportarnos en yola hasta el campamento del Partido Independentista Puertorriqueño. Aguardan con la misma determinación y valentía con que salen durante las madrugadas oscuras, cuando la Marina de Guerra de EEUU les da permiso para ir a buscar el sustento de sus familias. La trayectoría hacia el otro extremo de la isla dura unos cuarenta minutos, y son las condiciones de la marea las que decidirán cuán largo o corto se nos hará el camino. No obstante, la reflexión, ante el imponente retrato caribeño que alumbra sin reparos el sol, hace su agosto. Y el repaso histórico avanza a la par con la embarcación. En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, la Marina, la misma que en 1898 invadía la isla de Puerto Rico, decide expropiar 26,000 acres de terreno los 33,000 que para esa fecha componían el muncipio de Vieques. Desde entonces la Marina utiliza 8,000 acres al lado Oeste de Vieques para almacenar municiones y 15,000 acres al Este para realizar con municiones vivas sus ejercicios militares. Además, arrienda estas instalaciones a los países miembros de la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN). Mientras, ha restringido el área residencial y la actividad comercial de la población civil a una franja de tierra de apróximadamente tres millas de largo, en el centro de la isla. Estos hechos han impedido que el inmenso potencial económico, ecológico y social de Vieques se desarrolle con normalidad. Los efectos de casi sesenta años de bombardeos ininterrumpidos han sido devastadores. En un estudio presentado ante la Comisión Especial, que recientemente rindió un abarcador informe sobre la situación en Vieques, por los Asesores Ambientales del PIP, se evidencia que la Marina no sólo ha violado muchos de los acuerdos sobre el ambiente, sino que sus continuos bombardeos y tiros han agravado la salud de los ecosistemas al grado que algunos de estos han sido afectados de forma irreversibles. Otro estudio concluye que la presencia de cianuro, amoníaco, nitratos y nitritos en el suelo viequense se debe al uso de químicos en el área de tiro, donde, supuestamente, no se utilizan químicos. Se ha señalado que por el daño que la Marina ha ocasionado, se pueden haber perdido poblaciones enteras de especies en peligro de extinsión. Según el informe de la Comisión Especial, en medio de la ruta de vuelo de los aviones que bombardean y ametrallan tanques, aviones, camiones, cañones y todo tipo de equipo que les sirve de blanco han ocurrido eventos extraordinarios. En el área han anidado hembras de la especie tinglar, la tortuga más grande del mundo. Alrededor de los nidos del tinglar se encuentran incontables casquillos de balas, una bomba enterrada, varias bajo el agua, y otros artefactos. El tinglar, al igual que otras especies de tortugas, vuelve a anidar a la playa donde nace. Por lo tanto, no se sabe cuántos huevos y crías pueden haber muerto como resultado de las actividades de la Marina. A estas trágicas consecuencias debemos añadir el lamentable hecho de que las lagunas han sido secadas totalmente. En la población civil los daños calan tan hondo como en los ecosistemas. Recientemente la Marina aceptó haber disparado accidentalmente 263 municiones con uranio. Según los Asesores del PIP, hasta el 60% de este material se volatiza. Y una vez en el aire, los vientos pueden cargar esas particulas por una gran distancia. De esta manera pueden ser inhaladas donde vive la población. De ser inhaladas, pueden causar con el tiempo distintos tipos de enfermedades, principalmente cáncer en diversos órganos. La comunidad viequense ha denunciado la alta incidencia de cáncer entre los pobladores de la isla. Existe, además, una alta incidencia en problemas respiratotios y enfermedades de la piel. La Marina nunca hizo caso, hasta el pasado mes de abril. Cuando llegó el lamentable día y la muerte tocó al joven David Sanes. Una bomba de 500 libras, disparada desde un avión F-18, le cegó la vida e hirió a otras cuatro personas. En apoyo al consenso unánime que, desde ese día, expresó el pueblo de Puerto Rico contra la Marina, el PIP, desde el pasado 8 de mayo ha establecido, en un acto de desobediencia civil, un campamento frente a los blancos de tiro de la Marina. El senador y co-presidente de la Internacional Socialista para América Latina, Rubén Berríos, lleva cuatro meses de presencia ininterrumpida en los terrenos prohibidos por la Marina. Y de allí no saldrá hasta que lo arresten o la Marina se comprometa a salir cuanto antes y para siempre de Vieques. En estos cuatro meses sin bombardeos, las palmas han empezado a reverdecer. Uno que otro tinglar ha vuelto a casa. Las inmensas estrellas de mar han vuelto a sus orillas. Las mantarrayas saltan y los peces llegan casi hasta la blanca arena. Durante las noches, junto a quienes en ese momento le acompañan, Rubén lee en alta voz pasajes del Memorial del Convento y de El evangelio según Jesucristo, de Saramago; la poesía de Miguel Hernández, y a Don Quijote. Y Vieques se transforma en la causa trascendental, en el mítico lugar, en ese afán de hacer la humana justicia que presagia al mundo nuestra descolonización; y se profundiza, además, en el verso de Salinas: Por lo que no puedo ver, llevo los ojos abiertos. |
| ¡FUERA LA MARINA DE VIEQUES! |