SAN JUAN/CORRESPONSAL EDLP — A principios de 2008
comenzará a regir en Puerto Rico la nueva modalidad de
leyes privadas para los centros comerciales, con las
cuales quedarán fuera los derechos civiles de presunción
de inocencia y debido proceso, además de que podrán
sancionar inclusive conductas que no hayan sido
tipificadas como delitos.
El nuevo estatuto para entregar potestad legislativa
a los dueños de centros comerciales, que fue firmado por
el Gobernador Aníbal Acevedo Vilá este mes de diciembre,
ha sido la culminación de un año de choques y
restricciones en materia de derechos civiles, tanto en
lo relativo a la administración interna del país como en
el campo ocupado ahora por autoridades de Estados Unidos
que echan por tierra las garantías de la Constitución de
Puerto Rico.
Entre esos se ha destacado el uso de la fuerza por
parte de la Policía nacional, que llegó a escandalizar
al país por el video de la ejecución a tiros de un
ciudadano que estaba en el piso por un agente
uniformado. Eso se sumó a las múltiples querellas,
especialmente en vecindarios pobres, sobre cómo policías
abusan a mansalva de la población, les roban, los
extorsionan y les fabrican casos.
Al cierre del año hay policías acusados por
asesinatos, por servir de sicarios para gente del bajo
mundo y proteger el contrabando, además del arresto de
buena parte de los miembros de una división de drogas
por fabricación sistemática de casos. Una comisión
especial de ciudadanos designada para revisar el
problema, consignó en su primer informe parcial que al
septiembre de este año la Policía nacional tenía bajo
investigación más de 3,300 querellas contra policías
–que cubren desde abuso de autoridad y agresiones hasta
conducta inmoral- lo que contrasta con las apenas 300 y
tantas querellas que anualmente se presentaban contra
policías en Puerto Rico a mediados de la década del
sesenta.
Pero no es sólo en la relación de los ciudadanos con
la fuerza policial donde se percibe el deterioro de los
derechos civiles y el caso de las nuevas leyes privadas
es ejemplo de ello.
La medida había sido radicada originalmente a
principios de 2005 y, como fuera vetada en por el
Gobernador Acevedo Vilá en 2006, fue presentada de nuevo
y convertida en ley a finales de este año.
Con ella, se autoriza a los dueños de centros
comerciales a aprobar por su cuenta –sin vistas públicas
ni participación ciudadana- códigos de comportamiento en
los que se podrá prohibir cualquier conducta o actividad
que a juicio del empresario afecten el ambiente o el
éxito de los comercios. Una vez aprobados, entrarán en
vigor si en tres meses no son objetados por el
Departamento de Justicia, para lo cual tampoco se provee
mecanismo para escuchar al público.
Mediante tales códigos se podrá prohibir acceso al
centro comercial hasta por tres meses a cualquier
persona por mera sospecha de haber violado alguna regla
o, de haber incurrido en alguna conducta que no esté
prohibida pero que ha juicio del comerciante amerite la
sanción. Los ciudadanos no tendrán un foro donde
reclamar y si se niegan a abandonar el lugar o intentan
regresar, la Policía nacional tiene el deber de
arrestarles y podrán ser encarcelados hasta por seis
meses.
Además, continúa en vigor la política pública del
gobierno puertorriqueño de entregar arrestados a las
autoridades federales para que se les pueda negar el
derecho a la fianza y la insistencia del Gobierno de
EE.UU. de seguir buscando la certificación de casos para
posible pena de muerte, ambas cosas contrarias a la
Constitución de Puerto Rico. |