Fabricando un enemigo

17 de enero de 2008
Editorial de El Diario La Prensa, Nueva York

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La citación judicial de tres puertorriqueños para que se presenten ante un gran jurado es una señal de alarma no solamente para el movimiento independentista puertorriqueño.

Las citaciones fueron emitidas a un trabajador social, a una diseñadora gráfica y a un cineasta supuestamente en conexión con una investigación del FBI sobre los Macheteros. El director del FBI Robert Mueller supuestamente no sabía de las citaciones, de acuerdo al congresista José Serrano.

No es nuevo que el FBI elija como blanco a cualquiera que defienda la independencia de Puerto Rico. Las anteriores vigilancias de la agencia están detalladas en 1.8 millones de páginas, algunas de las cuales fueron hechas públicas en el año 2000. El entonces director del FBI Louis Freeh reconoció que la agencia había realizado acciones notoriamente ilegales, posibles crímenes, contra los puertorriqueños. Incluso el primer gobernador elegido de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, fue etiquetado como subversivo.

Hay otro siniestro retroceso. Debido a las leyes presentados por la administración Bush y aprobadas por nuestro Congreso, las protecciones legales que les darían a los disidentes políticos un derecho al proceso debido han sido corroídas. La red es amplia para incluir como amenaza, a cualquiera con creencias políticas “sospechosas” sin tener que acusarle, juzgarle o condenarle de un crimen.

Organizaciones como el Centro para los Derechos Constitucionales ha estado retando la mentalidad de estado policial que se ha permitido se convierta en algo normal y legal aquí. Debido a que los ataques a los derechos civiles y humanos y la histórica intimidación y represión de los independentistas están relacionados, los activistas tienen que hacer esos enlaces.

Todo ello es de lo más urgente considerando el silencio de la mayoría de los líderes electos y la censura virtual que los medios han hecho de las citaciones. En el contexto de cárceles secretas, tortura, detención sin juicio y grabaciones sin permiso judicial, la pesca del FBI debería preocupar a cualquiera interesado en rescatar este país de un creciente estado policial.


Constructing an enemy

Editorial from El Diario La Prensa, New York
January, 17, 2008

The subpoena of three Puerto Ricans to appear before a federal grand jury is an alarm not just for Puerto Rico’s independence movement.

Subpoenas were issued to a social worker, a graphics designer and a filmmaker supposedly in connection with an FBI investigation of the Macheteros. Oddly, FBI Director Robert Mueller was unaware of the subpoenas, according to Congressmember Jose Serrano.

The FBI’s targeting of anyone advocating for Puerto Rico’s independence is not new. The agency’s past surveillance of the movement is detailed in 1.8 million pages, a fraction of which were released in 2000. Then FBI Director Louis Freeh acknowledged that the agency had engaged in egregious illegal action, possibly crimes, against Puerto Ricans. Even Puerto Rico’s first elected governor Luis Muñoz Marín was labeled a subversive.

There’s another ominous backdrop. Because of laws initiated by the Bush Administration and passed by our Congress, the legal protections that would give political dissidents a right to due process have been eroded. The net is wide for casting someone with “suspicious” political beliefs, without having been charged, tried or convicted of a crime, as a threat.

Organizations like the Center for Constitutional Rights have been challenging the police state mentality that’s being allowed to become a normal—and legal—standard here. Because the attacks on civil liberties and human rights and the historical intimidation and repression of Puerto Rican independence supporters are interrelated, activists must make those links.

That’s all the more urgent considering the silence of most elected leaders and the virtual media blackout on the subpoenas. In the context of secret prisons, torture, detention without trial, and warrantless wiretapping, the FBI’s fishing should be a concern for anyone interested in rescuing this country from a rising police state.


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