A treinta días de prisión
sentencian a las pipiolas

Por José R. Bas
independencia.net
10 de abril de 2002
 

Cruzacalles NaranjitoLas cinco mujeres, miembros del Partido Independentista Puertorriqueño, que entraron el pasado 1 de abril a los terrenos restringidos de la Marina en Vieques tuvieron su día en la corte de los Estados Unidos en Puerto Rico. El juez Salvador Casellas encontró culpables del delito de traspasar a propiedad del gobierno de los Estados Unidos a Maria de Lourdes Santiago, Maribel Arroyo, Irma Rodríguez, María Elena Negrón y Myrna Rodríguez y las sentenció a 30 días de prisión.

El juez Casellas, que hasta este momento se había mantenido como el menos punitivo de todos los jueces que han intervenido en casos de desobedientes civiles, no tuvo reparos en utilizar los incidentes de terrorismo del pasado 11 de septiembre y el alegado estado de emergencia en que se encuentran los Estados Unidos para justificar su sentencia de cárcel. Alegando que en estos momentos no se justifica la desobediencia civil, pronunció la sentencia de 30 días de cárcel a las cinco acusadas, las cuales habían incursionado en Vieques por primera vez.

Maricel Vilches Negrón
Maricel Vilches Negrón, hija
de María Elena Negrón, triste,
pero orgullosa de su madre.

Anteriormente el juez Casellas había dictado sentencias de prisión por el tiempo cumplido hasta el momento del juicio a otros acusados en circunstancias similares. En esta ocasión es obvio que "el juez se plegó por completo a los argumentos de la Marina", según manifestó el Presidente Ejecutivo del PIP, Fernando Martín luego del juicio. El juez "trajo los argumentos de la histeria del 11 de septiembre, que sabemos que la línea de la Marina. Este endurecimiento del tribunal en este caso es parte del mismo endurecimiento que hemos visto en los portones de la Marina en Vieques es parte de una nueva ofensiva por parte de la Marina", expresó Martín.

Más adelante, Fernando Martín dijo que las compañeras estaban listas para una sentencia más severa y que estaban contentas porque se cumplió el propósito por el que hicieron su acto de protesta pacífica en Vieques. Este fue el de dramatizar ante el país y el mundo la tiranía del gobierno de los Estados Unidos en Puerto Rico. Señaló además que siempre que la Marina levante su mano para agredir a Vieques, habrá una representación del Partido Independentista Puertorriqueño que estará presente siguiendo el ejemplo de los últimos dos años y el ejemplo de estas dos compañeras.

Durante el juicio, antes de que se dictara la sentencia, María de Lourdes Santiago, Vicepresidenta del PIP, leyó la siguiente alocución:

Orgullosas de lo que hemos hecho
Alocución ante el Tribunal Federal
por María de Lourdes Santiago
10 de abril de 2002

En muchas ocasiones comparecí ante este tribunal como abogada de los desobedientes civiles del Partido Independentista Puertorriqueño. Hoy es mi privilegio comparecer como parte de los que violaron la ley del imperio para cumplir la ley de la patria. Me honra además, haber compartido prisión y ser hoy juzgada junto a cuatro mujeres extraordinarias, por lo que para el gobierno norteamericano es un delito y para los puertorriqueños un deber: reclamar paz para Vieques.

Cruzacalles San Juan IIAunque seamos nosotros las acusadas, lo que está verdaderamente en juicio en esta mañana, y cada vez que un puertorriqueño es juzgado por entrar a la zona restringida en Vieques, es el sistema de subordinación política que permite la aplicación de leyes injustas y abusivas y condena a quienes las enfrentan.

Vieques es la representación más precisa de lo que significa para los puertorriqueños vivir en un país en el que mandan otros; el recordatorio más claro del yugo impuesto a nuestro pueblo. La dominación política, la emboscada sicológica que se vive en todo nuestro territorio, se concretiza en Vieques a través del bombardeo que ultraja la tierra y lastima a nuestra gente.

Pero la rueda de la historia no se detiene y cuando una bomba de la Marina de los Estados Unidos mató a un puertorriqueño, cayó la venda que cubría aún los ojos de muchos y Vieques se mostró como la que es: la herida más abierta y más dolorosa de nuestro país.

Comenzó entonces una lucha de una intensidad hasta entonces desconocida en Puerto Rico. Hombres y mujeres de todas las ideologías hicieron suya la consigna de Paz para Vieques. Marchas, demostraciones, pegadizos, cartas. El silencio de 60 años había terminado. Aún el gobierno de Puerto Rico promovió legislación, fue a los tribunales y auspició un referéndum antes de su claudicación definitiva con la que selló para la historia su papel de quien debió y pudo hacer lo que no hizo.

Más que ninguna otra forma de expresar el repudio al abuso de la Marina, la desobediencia civil se convirtió en el desafío más frontal y eficaz. Los 362 días de Rubén en la playa al frente del campamento del Partido Independentista, la proliferación de campamentos de grupos religiosos, cívicos, sindicales, puso en jaque a la Marina del imperio más poderoso. Tras los desalojos del 4 de mayo, la persistencia de la desobediencia civil, aún después de la imposición de cárcel a muchos desobedientes, dejó demostrado que tras la estela de destrucción de cada sesión de maniobras, nacía un nuevo afán de lucha y se redoblaba la esperanza.

La Marina, preparada para tantas batallas, se ha topado con un adversario al que no puede subyugar. ¿Con cuál de sus potentes armas pueden combatir la dignidad? ¿Cuál de sus aviones puede hacer blanco en nuestra fe? ¿Cuál de sus veloces embarcaciones dará caza al espíritu de un pueblo? En esta lucha desigual, ha resultado que las armas del pueblo puertorriqueño, las de la indignación, las de la moral, son las de la victoria.

Esto lo sabe Puerto Rico y lo sabe el mundo entero. Cada vez que un marino interviene con un desobediente civil, lo que el mundo ve es a los Estados Unidos poniendo bajo arresto a la justicia. Cada vez que un policía militar, protegido por sus verjas y sus serpentinas, lanza gases y balas de goma a manifestantes y periodistas, lo que se proyecta es al gobierno norteamericano agrediendo los deseos de paz de los puertorriqueños.

La herida de Vieques ahora es compartida. A nosotros nos sigue lastimando la permanencia de la Marina y la continuación del bombardeo en contra de la voluntad de un pueblo, pero también lesiona a los Estados Unidos el revelarse como el tirano que a la moral responde con violencia.

Este tribunal tiene ante sí cinco mujeres profundamente orgullosas de lo que hemos hecho. Cinco mujeres que no creen en dejar el destino de Vieques al azar de una mirada o a la vaguedad de una promesa a medias.

Siguiendo el ejemplo de nuestro líder, Rubén Berríos Martínez, de los muchos desobedientes civiles de nuestro partido, hemos puesto palabra y acción en el mismo sitio. Nuestra es la satisfacción del deber cumplido.

 

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