Sin voluntad el gobierno para solucionar problema estructural económico

Edwin Irizarry Mora habla en la UPR sobre incentivos industriales

29 de noviembre de 2007
José R. Bsa García - independencia.net

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Río Piedras - El candidato a la gobernación por el Partido Independentista Puertorriqueño, el economista, Dr. Edwin Irizarry Mora, ofreció ayer una conferencia en la Facultad de Administración de Empresas del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Ante una audiencia compuesta de estudiantes, profesores y periodistas que llenaron a capacidad el salón de conferencias, el líder independentista habló sobre el desarrollo económico de Puerto Rico y la ley de incentivos industriales.

“Hay una gran incertidumbre hoy en Puerto Rico, incluyendo al sector empresarial, por lo que ocurre en la economía de la Isla y la internacional”, fue el pensamiento introductorio.

Irizarry Mora hizo un recuento muy detallado sobre los eventos claves que marcaron la ruta que siguió el gobierno de Puerto Rico para atraer inversión extranjera, casi exclusivamente de Estados Unidos. Aún cuando se habían dado algunos pasos para levantar una economía con capital puertorriqueño, en el 1947 se aprobó la primera ley de incentivos industriales cuya mira estaba puesta en las industrias norteamericanas y no le dio igual trato al capital local.

Ya para 1950, según Irizarry, era evidente que el propósito del nuevo esquema era promover la inversión extranjera y la economía estaría orientada hacia fuera. Admite que por un tiempo hubo efectos positivos, pero hay problemas graves que se experimentan hoy que son resultado directo de esa política. A pesar de eso, el gobierno insiste en no cambiar nada.

“Todavía hay personas en la administración pública de Puerto Rico que se aferran al concepto de incentivos industriales que se establecieron hace 60 años” –la exención contributiva. “En otras partes del mundo el concepto ha ido evolucionando hacia otras formas de incentivos”, sostuvo el conferenciante y profesor universitario.

Mencionó los siete factores que se establecieron a partir de 1947 para incentivar al capital foráneo para invertir en la Isla. Estas son: mano de obra barata, lo que significaba entonces un ahorro en nómina, pero hoy no existe; exención contributiva total en Puerto Rico y en Estados Unidos mediante secciones del código de rentas internas de ese país que se establecieron con ese propósito – 931, 936; financiamiento disponible a través del Banco Gubernamental de Fomento para inversionistas que no tenían capital suficiente, pero quería establecer operaciones en la Isla – lo cual implicaba que el gobierno tenía que asumir el riesgo; edificios construidos por le gobierno para los inversionistas, además de la construcción por cuenta exclusiva del gobierno de toda la infraestructura necesaria para facilitar las operaciones, aeropuertos, carreteras, comunicaciones, muelles, etc, lo que aumentó dramáticamente la deuda pública; acceso al mercado de Estados Unidos libre del pago de contribuciones; uso del dólar como moneda; y finalmente, se ofrecía a Puerto Rico como un lugar con estabilidad política y social. En relación con este último “incentivo”, el doctor Irizarry Mora recordó que los independentistas sufrieron una gran persecución en esa época y que ésta estuvo relacionada con lograr la imagen de un lugar pacífico y atractivo para inversionistas.

El objetivo principal del gobierno era casi exclusivamente crear empleos. La estructura de incentivos estaba diseñada para que el capital viniera de afuera; la materia prima también. El producto se exportaría al exterior y no se vendería en el mercado local. Todo la transacción económica impactaría otras economías externas, excepto por la parte en que se le añade valor a un producto con la mano de obra puertorriqueña, que prácticamente sería el único beneficio para la economía de la Isla. Sin embargo, a partir de la década de 1970 se observó un descenso casi continuo en la cantidad de empleos en el sector de la manufactura. En 1997 había 157,000 empleos en ese sector y en el 2006 se registraron tan solo 112,000 empleos. Eso significa que ha habido una reducción de 44,000 empleos o casi una tercera parte en un periodo de 9 años.

“La hipótesis de que los costos absorbidos por el gobierno se justificarían con la creación de empleos en la manufactura no se cumplió”, aseguró el candidato a gobernador pipiolo.

Mientras tanto, cifras ofrecidas por Irizarry Mora y que fueron calculadas junto a otros profesionales en la materia, demuestran que de 1975 a 2006 las industrias extranjeras establecidas en Puerto Rico han extraído ganancias de $475,000 millones. Si durante esos 30 años se hubiese cobrado un impuesto razonable y competitivo, hoy no hubiera una crisis económica y la deuda del gobierno no sería tan alta, según indicó.

Irizarry Mora denunció la falta de voluntad del gobierno de Puerto Rico en hacer los cambios necesarios para resolver el problema. Recalcó que en enero de 2005 él formó parte de una comisión nombrada por el gobernador para estudiar la reforma contributiva. Durante los trabajos, se recibieron testimonios de varios representantes de industrias extranjeras que dijeron estar dispuestos a pagar más contribuciones en Puerto Rico de lo que actualmente pagan. Sin embargo, los representantes de la administración descartaron la propuesta hecha por los mismos industriales alegando que la política de incentivos del gobierno es la de exención contributiva.

También mencionó que en marzo de 2006, mientras testificaba ante la Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes, señaló que la ley vigente de incentivos industriales vencería el 31 de diciembre de 2007 y había que comenzar a trabajar en una nueva ley. La senadora María de Lourdes Santiago había presentado legislación para que se revisaran y actualizaran los incentivos industriales. Había casi dos años para trabajar en esa encomienda. Sin embargo, pese a la promesa del presidente de la Comisión de Hacienda, no se hizo nada. Más tarde se supo que el Secretario de Desarrollo Económico de Puerto Rico se opuso al proyecto que presentó la senadora pipiola porque alegadamente su agencia estaba trabajando con el asunto. No era cierto, como quedó demostrado recientemente cuando la administración de Acevedo Vilá se empeñó en extender dos años adicionales la ley de incentivos vigente.

Mientras los administradores gubernamentales se aferran a la vieja fórmula de 1947 de mantener la exención contributiva como el principal atractivo para el capital foráneo, otros lugares del mundo han hecho sus ajustes y nos han dejado atrás atrayendo industrias y cobrando impuestos razonables que les permite ser competitivos. Macedonia está anunciándose como lugar para invertir y dice que cobrará un 10% de impuestos. Irlanda cobra un 12.5% y Singapur está por una cifra similar. En Puerto Rico no ha habido voluntad para hacer lo que se puede hacer, aún dentro de las limitaciones que la relación con Estados Unidos nos impone.


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