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Me siento en una completa desventaja porque una de
las pocas oportunidades especiales, el privilegio, del
que disfrutan quien preside una asamblea, un parlamento,
es el que él da la palabra. Y yo nunca he hablado, nunca
se me ocurriría hacerlo después de que lo han hecho
tantas influyentes personalidades como los compañeros
que han hablado; y mucho menos después de que Rubén
dijera palabras tan excesivamente generosas.

Ricardo Alarcón, delegado de Cuba |
El problema, Rubén, compañeros, tú lo dijiste muy
bien, es que en la entraña de nuestro pueblo, de nuestra
historia, no escogimos nosotros los pueblos nuestra
decisión, sino es la definición misma de nuestro destino
hace que para todos los cubanos y las cubanas y eso ha
sido así con la única excepción de los mal nacidos, de
los anexionistas, que también los tenemos allá, todos
nacimos inspirados por aquellas enseñanzas que alguien,
como José Martí, fijó con tanta claridad. Martí llegó a
decir, hablando de Puerto Rico, de Santo Domingo, de
Cuba, las 3 Antillas, que “han de salvarse juntas, o
juntas han de perecer”, nada más y nada menos que eso.
Desde el momento en que buscábamos nuestra propia
identificación nacional, la concebimos como algo
indisoluble del destino de nuestros hermanos dominicanos
y puertorriqueños; o nos salvamos juntos o juntos
habríamos de perecer.
Creo, queridos amigos, que estamos asistiendo a un
acontecimiento realmente histórico. Estamos asistiendo
al reencuentro con el Libertador. Estamos, además,
rindiéndole un tributo y un homenaje a esta hermosa
tierra panameña que él concibió para ésto y como ésto,
que fuera el corazón y el centro de un mundo nuevo que
desde aquí trató de construir y que tenía como primera
tarea precisamente eso, la de evitar que perecieran las
dos hermanas que habían quedado abandonadas del proceso
emancipador. Regresamos a Panamá, regresamos al
encuentro con el Libertador y regresamos también para
cumplir una agenda que toda la América Latina tiene con
relación a Puerto Rico.
Mucho, demasiado, distorsionó el imperio la imagen y
la realidad puertorriqueña. A muchos latinoamericanos se
les enseñó a creer nada más y nada menos que ese absurdo
del colonialismo consentido, de la esclavitud admitida,
aceptada, deseada. Cuántas veces ustedes no han tenido
que bregar con un esfuerzo sistemático, malévolo,
perverso de presentar a los puertorriqueños como lo que
nunca han sido, como dóciles, seguidores de un régimen
que les niega los derechos irrenunciables, como Rubén
recordaba, pero que, además, intentaron durante mucho
tiempo hacerle desconocer a otros lo que ha significado
siempre, desde el primer, día la lucha puertorriqueña.
Nosotros los cubanos no tenemos ningún mérito
especial. En primer lugar tenemos una obligación.
Tenemos una obligación, nada más y nada menos que nos
salvamos juntos o perecemos juntos, y quien parte de esa
premisa todo lo demás que haga no merece ser objeto de
ningún reconocimiento especial. Para nosotros
sencillamente es parte de nuestra propia naturaleza
luchar por la independencia de Puerto Rico. Mientras no
se dé Cuba será incompleta, Cuba estará faltando al
cumplimiento de lo que era su deber original.
Yo no sé cuántos, aquí hay un montón de partidos,
pero cuántos partidos surgieron en el mundo que tuvieran
como objetivo la independencia de dos naciones. Que
tuvieran un carácter internacionalista. Que lo dirigía
José Martí pero el periódico lo redactaba Sotero
Figueroa. Que tenía, tanto en el aparato político de ese
partido como en sus estructuras militares, insignes
generales, combatientes de tres décadas, que no habían
nacido en la Antilla mía o la más próxima a mí, pero
habían nacido o en la Antilla de Hatuey o en la Antilla
de Rubén. Creamos un ejército libertador que tuvo
generales puertorriqueños, como tuvo un jefe dominicano.
Poco antes de iniciar la última fase de nuestra
guerra por la independencia José Martí se propuso
describir este problema. El desafío que encarábamos
entonces, puertorriqueños y cubanos, ya que no pudimos
sumarlos al proceso emancipador americano porque lo
impidieron aquellas fuerzas que desde entonces han
conspirado contra la unidad latinoamericana que
frustraron los sueños del Libertador.
Cuando ya a fines del siglo nos tocó a nosotros ir al
campo de batalla Martí advirtió que teníamos una misión
aún mayor, que lo obliga la época en que nace y su
posición en el crucero universal. “Cuba y Puerto Rico”,
seguía diciendo el Maestro, “entrarán a la libertad con
composición muy diferente y en época distinta y con
responsabilidades mucho mayores que los demás pueblos
hispanoamericanos”. Y seguía diciendo, “la independencia
de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de
asegurar el bienestar a los habitantes de ambas islas,
sino el suceso histórico indispensable para salvar la
independencia amenazada de las Antillas libres, la
independencia amenazada de la América libre y la
dignidad de la república norteamericana”.
Ésto lo escribió José Martí hace más de un siglo pero
parece escrito ayer. Parece escrito cuando tú estabas en
Wáshington hablando con esos caballeros. La verdad es
que no voy a hacer la historia, debo ser por lo menos
tan breve como Tomás, no tan brillante como él, aunque a
mí me encantaría eso, pero tan breve como tú. La verdad
es que Puerto Rico y Cuba cayeron bajo la dominación
norteamericana en el momento en que irrumpe en la
historia, en que avanza, en que se convierte, aparece
como una nueva fuerza, el imperio norteamericano. Y
Puerto Rico es la única nación del planeta, la única
comunidad humana, que ha tenido que vivir completo,
completo, el periodo de nacimiento, auge, dominación y
declinación del imperio norteamericano. Y es a lo que
estamos asistiendo ahora.
El famoso proceso de los años ‘50, el establecimiento
de esa colonia perfumada, ni asociado, ni libre ni lo
que sabemos, no ocurrió, no ocurrió en cualquier
momento. Es cuando Estados Unidos llega a la cúspide de
su influencia mundial que fue la Segunda Guerra Mundial,
cuando Europa tenía que esperar por sus migajas o por su
sostén financiero… cuando América Latina lo disponía en
el Tratado de Asistencia Recíproca, surgieron todos los
mecanismos de control hemisférico, etc, etc. Cuando,
además, impusieron en las demás Antillas, en las otras
hermanas, de que hablaba Martí, las peores tiranías.
Por eso héroes como Rafael Cancel Miranda que
conoció, que conoció una larga prisión de Estados
Unidos, se entrenó como prisionero en Cuba. Antes que lo
hicieran los agentes del FBI en Norteamérica, los
esbirros de Batista se ocuparon de perseguirlo y de
encerrarlo en prisión. Era lo mismo. Y la capacidad
entonces de los cubanos para oponerse al coloniaje va a
disminuir…, al único grupo que en la isla de Cuba no se
comprometió históricamente con la independencia de
Puerto Rico que era lo peor,…. Y en la hermana Santo
Domingo la dictadura posiblemente más larga solo
competidora con la de ustedes, con la de nuestros
hermanos sandinistas decapitados heroicamente; y
saludamos por supuesto con una gran emoción y una más
notable prueba de los cambios que ocurren en el mundo,
el regreso merecidísimo, triunfal, de Daniel y de Tomás,
que son nuestros hermanos, al gobierno de Nicaragua.
Ahora cuando nos reunimos acá, cuando regresamos a
Panamá, cuando regresamos a darle cuentas al Libertador
de lo que hemos podido hacer o tratado de hacer desde
que él se fue de este mundo habiéndonos legado ese
mandato inconcluso de liberar a Puerto Rico, lo hacemos
en los tiempos del alba. “Largo y áspero fue el camino”
decía uno de nuestros mejores poetas, Guillén, pero
terminaba ese poema anunciando precisamente el alba.
“Creció sangre del tronco de mi herida, creció un árbol
del tronco de mi herida, en que él florece la mañana,
tanta que desde sus ramas un pájaro da la vida”.
Cuando volvemos a Panamá en estos tiempos en que la
América Latina descubre nuevos caminos, en que una tras
otra las experiencias nos van mostrando cómo ya no es
posible imponernos la dominación, y como por primera vez
enfrentamos al dominio extranjero aquel que José Martí
denunciaba por estos mismos días y que veía en Cuba y
Puerto Rico los escenarios inmediatos en que se libraría
la batalla decisiva de nuestra independencia, ahora,
cuando podemos presentar no sólo la declaración de
independencia, sino mostrar los programas, los
proyectos, las realizaciones que cada cuál con su estilo
respondiendo a sus características pero todos unidos en
un propósito de integración y de fortalecimiento de
nuestra independencia nacional.
Es el momento de darle las gracias al pueblo de
Puerto Rico, porque Puerto Rico fue, ha sido, el campo
de experimentación de eso que es una amenaza y un riesgo
para nosotros. Martí lo habría explicado cuando la
primera Conferencia Panamericana, cuando pretendían
crear el primer intento de ALCA, de un mercado común, de
una moneda común, de una economía común, eso le suena
bastante a los puertorriqueños, todavía algunos siguen
hablando de eso.
Los puertorriqueños han vivido un siglo bajo el ALCA,
pero los puertorriqueños han dado para el resto de
América Latina y el Caribe el ejemplo más fuerte, la
mayor inspiración. Ahí está, una isla que preserva su
identidad, su cultura, su idioma, un pueblo que cuando
en otras partes del continente se privatizaba el aire y
el agua supo salir a las calles y rechazar, en la
colonia, aquella huelga famosa que causó admiración en
todo el continente. No eran fáciles de encontrarlo en
otra parte pero en Puerto Rico sí, una telefónica, la
que no pudieron privatizar entonces. Y cuando en otras
partes se iban a establecer bases militares,
instalaciones de todo tipo, incluyendo prisiones
secretas, los puertorriqueños los sacaron a los
invasores de Vieques.
Y mientras en otras partes se nos quería hacer creer
que nuestros hermanos boricuas eran un pueblo dócil que
no sólo admitía sino que aplaudía el coloniaje fue de
Puerto Rico que vinieron los ejemplos más altos de
dignidad, de patriotismo ante todo por la figura tan
importante para nosotros los cubanos y para todos
ustedes, de don Pedro Albizu Campos; que no terminó con
él, que se extiende, se multiplica, en ejemplos no sólo
como el de Rafael, sino como el de esa bella
combatiente, admirable hermana, que es Lolita Lebrón.
Y no hace mucho todos fuimos testigos de uno de los
actos por una parte de expresión de la más descarnada
represión. Quienes son capaces de hacer las torturas
sistemáticas…, de Guantánamo, etc, son capaces también
de ir cobardemente, una enorme fuerza militar
desplegada, para atacar a un hombre, a un solo hombre
que cuando cayó, no sé si será la clásica aversión a la
cultura que tienen algunos políticos norteamericanos,
pero cuando lo asesinaron fue el 23 de septiembre. Era
como decirle a los puertorriqueños que Lares, el alma de
Lares, el espíritu de Lares, viviría siempre. Que se
reproduce en otros 23 de septiembre y que dará y seguirá
dando un pueblo como ese, donde un solo hombre supo
morir, compañero Filiberto Ojeda. Muchos Filibertos
habrá.
Nosotros, los latinoamericanos, que nos empeñamos por
consolidar nuestras respectivas independencias
nacionales, por desarrollar la integración de nuestras
economías, por promover la cooperación, que nos
afirmamos en la creencia que repiten millones por todo
el planeta de que otro mundo mejor es posible, no
olvidemos nunca que es posible porque mucha gente se
sacrificó, porque mucha gente persistió; y para nosotros
los de acá especialmente porque un pueblo, el único que
nunca ha alcanzado la libertad, el único al cual no
pudimos llevar el mensaje que el libertador levantó en
esta hermosa tierra, supo resistir y vencer.
No nos confundamos. Puerto Rico no es ejemplo de
domesticación, de servilismo. Puerto Rico es ejemplo de
hazaña, de heroísmo y de capacidad de llevar ese
heroísmo y esa hazaña hasta la victoria. Por eso nuestra
gratitud al pueblo puertorriqueño, a sus patriotas, a
sus héroes y heroínas. Nuestra gratitud y nuestro
reconocimiento a los compañeros de la Internacional
Socialista y de la COPPPAL por haber contribuido a hacer
posible este hermoso encuentro en el que, como se ha
dicho con más de uno, nadie viene con una agenda propia,
nadie tiene un interés particular que promover.
Aparentemente todos tenemos una gran prioridad, pagar
nuestra deuda al pueblo de Puerto Rico y pagar nuestra
deuda a Simón Bolívar e inspirarnos en ese pueblo que ya
nos hizo el favor a nosotros de demostrar que la
absorción económica, que la anexión, que el secuestro
del espíritu nacional, por muy poderoso que sea el
imperio, fracasará. Porque fracasó con la más pequeña de
nuestras hermanas. Fracasó con la que quedó abandonada.
Cómo no va a fracasar frente a una América Latina y un
Caribe unido.
Por eso es que voy a terminar, por eso es que Rubén
te felicito especialmente a ti y a todos los compañeros
y compañeras del Partido Independentista Puertorriqueño.
Nuestra gratitud a ustedes y a todos los
puertorriqueños. Y aquí en Panamá, junto a Bolívar,
unidos todos, volvamos a proclamar que ¡Viva Puerto Rico
Libre!
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