Mensaje de Ricardo Alarcón de Quesada en el Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico

18 de noviembre de 2006
Ciudad de Panamá

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Me siento en una completa desventaja porque una de las pocas oportunidades especiales, el privilegio, del que disfrutan quien preside una asamblea, un parlamento, es el que él da la palabra. Y yo nunca he hablado, nunca se me ocurriría hacerlo después de que lo han hecho tantas influyentes personalidades como los compañeros que han hablado; y mucho menos después de que Rubén dijera palabras tan excesivamente generosas.

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Ricardo Alarcón, delegado de Cuba

El problema, Rubén, compañeros, tú lo dijiste muy bien, es que en la entraña de nuestro pueblo, de nuestra historia, no escogimos nosotros los pueblos nuestra decisión, sino es la definición misma de nuestro destino hace que para todos los cubanos y las cubanas y eso ha sido así con la única excepción de los mal nacidos, de los anexionistas, que también los tenemos allá, todos nacimos inspirados por aquellas enseñanzas que alguien, como José Martí, fijó con tanta claridad. Martí llegó a decir, hablando de Puerto Rico, de Santo Domingo, de Cuba, las 3 Antillas, que “han de salvarse juntas, o juntas han de perecer”, nada más y nada menos que eso. Desde el momento en que buscábamos nuestra propia identificación nacional, la concebimos como algo indisoluble del destino de nuestros hermanos dominicanos y puertorriqueños; o nos salvamos juntos o juntos habríamos de perecer.

Creo, queridos amigos, que estamos asistiendo a un acontecimiento realmente histórico. Estamos asistiendo al reencuentro con el Libertador. Estamos, además, rindiéndole un tributo y un homenaje a esta hermosa tierra panameña que él concibió para ésto y como ésto, que fuera el corazón y el centro de un mundo nuevo que desde aquí trató de construir y que tenía como primera tarea precisamente eso, la de evitar que perecieran las dos hermanas que habían quedado abandonadas del proceso emancipador. Regresamos a Panamá, regresamos al encuentro con el Libertador y regresamos también para cumplir una agenda que toda la América Latina tiene con relación a Puerto Rico.

Mucho, demasiado, distorsionó el imperio la imagen y la realidad puertorriqueña. A muchos latinoamericanos se les enseñó a creer nada más y nada menos que ese absurdo del colonialismo consentido, de la esclavitud admitida, aceptada, deseada. Cuántas veces ustedes no han tenido que bregar con un esfuerzo sistemático, malévolo, perverso de presentar a los puertorriqueños como lo que nunca han sido, como dóciles, seguidores de un régimen que les niega los derechos irrenunciables, como Rubén recordaba, pero que, además, intentaron durante mucho tiempo hacerle desconocer a otros lo que ha significado siempre, desde el primer, día la lucha puertorriqueña.

Nosotros los cubanos no tenemos ningún mérito especial. En primer lugar tenemos una obligación. Tenemos una obligación, nada más y nada menos que nos salvamos juntos o perecemos juntos, y quien parte de esa premisa todo lo demás que haga no merece ser objeto de ningún reconocimiento especial. Para nosotros sencillamente es parte de nuestra propia naturaleza luchar por la independencia de Puerto Rico. Mientras no se dé Cuba será incompleta, Cuba estará faltando al cumplimiento de lo que era su deber original.

Yo no sé cuántos, aquí hay un montón de partidos, pero cuántos partidos surgieron en el mundo que tuvieran como objetivo la independencia de dos naciones. Que tuvieran un carácter internacionalista. Que lo dirigía José Martí pero el periódico lo redactaba Sotero Figueroa. Que tenía, tanto en el aparato político de ese partido como en sus estructuras militares, insignes generales, combatientes de tres décadas, que no habían nacido en la Antilla mía o la más próxima a mí, pero habían nacido o en la Antilla de Hatuey o en la Antilla de Rubén. Creamos un ejército libertador que tuvo generales puertorriqueños, como tuvo un jefe dominicano.

Poco antes de iniciar la última fase de nuestra guerra por la independencia José Martí se propuso describir este problema. El desafío que encarábamos entonces, puertorriqueños y cubanos, ya que no pudimos sumarlos al proceso emancipador americano porque lo impidieron aquellas fuerzas que desde entonces han conspirado contra la unidad latinoamericana que frustraron los sueños del Libertador.

Cuando ya a fines del siglo nos tocó a nosotros ir al campo de batalla Martí advirtió que teníamos una misión aún mayor, que lo obliga la época en que nace y su posición en el crucero universal. “Cuba y Puerto Rico”, seguía diciendo el Maestro, “entrarán a la libertad con composición muy diferente y en época distinta y con responsabilidades mucho mayores que los demás pueblos hispanoamericanos”. Y seguía diciendo, “la independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar el bienestar a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre y la dignidad de la república norteamericana”.

Ésto lo escribió José Martí hace más de un siglo pero parece escrito ayer. Parece escrito cuando tú estabas en Wáshington hablando con esos caballeros. La verdad es que no voy a hacer la historia, debo ser por lo menos tan breve como Tomás, no tan brillante como él, aunque a mí me encantaría eso, pero tan breve como tú. La verdad es que Puerto Rico y Cuba cayeron bajo la dominación norteamericana en el momento en que irrumpe en la historia, en que avanza, en que se convierte, aparece como una nueva fuerza, el imperio norteamericano. Y Puerto Rico es la única nación del planeta, la única comunidad humana, que ha tenido que vivir completo, completo, el periodo de nacimiento, auge, dominación y declinación del imperio norteamericano. Y es a lo que estamos asistiendo ahora.

El famoso proceso de los años ‘50, el establecimiento de esa colonia perfumada, ni asociado, ni libre ni lo que sabemos, no ocurrió, no ocurrió en cualquier momento. Es cuando Estados Unidos llega a la cúspide de su influencia mundial que fue la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa tenía que esperar por sus migajas o por su sostén financiero… cuando América Latina lo disponía en el Tratado de Asistencia Recíproca, surgieron todos los mecanismos de control hemisférico, etc, etc. Cuando, además, impusieron en las demás Antillas, en las otras hermanas, de que hablaba Martí, las peores tiranías.

Por eso héroes como Rafael Cancel Miranda que conoció, que conoció una larga prisión de Estados Unidos, se entrenó como prisionero en Cuba. Antes que lo hicieran los agentes del FBI en Norteamérica, los esbirros de Batista se ocuparon de perseguirlo y de encerrarlo en prisión. Era lo mismo. Y la capacidad entonces de los cubanos para oponerse al coloniaje va a disminuir…, al único grupo que en la isla de Cuba no se comprometió históricamente con la independencia de Puerto Rico que era lo peor,…. Y en la hermana Santo Domingo la dictadura posiblemente más larga solo competidora con la de ustedes, con la de nuestros hermanos sandinistas decapitados heroicamente; y saludamos por supuesto con una gran emoción y una más notable prueba de los cambios que ocurren en el mundo, el regreso merecidísimo, triunfal, de Daniel y de Tomás, que son nuestros hermanos, al gobierno de Nicaragua.

Ahora cuando nos reunimos acá, cuando regresamos a Panamá, cuando regresamos a darle cuentas al Libertador de lo que hemos podido hacer o tratado de hacer desde que él se fue de este mundo habiéndonos legado ese mandato inconcluso de liberar a Puerto Rico, lo hacemos en los tiempos del alba. “Largo y áspero fue el camino” decía uno de nuestros mejores poetas, Guillén, pero terminaba ese poema anunciando precisamente el alba. “Creció sangre del tronco de mi herida, creció un árbol del tronco de mi herida, en que él florece la mañana, tanta que desde sus ramas un pájaro da la vida”.

Cuando volvemos a Panamá en estos tiempos en que la América Latina descubre nuevos caminos, en que una tras otra las experiencias nos van mostrando cómo ya no es posible imponernos la dominación, y como por primera vez enfrentamos al dominio extranjero aquel que José Martí denunciaba por estos mismos días y que veía en Cuba y Puerto Rico los escenarios inmediatos en que se libraría la batalla decisiva de nuestra independencia, ahora, cuando podemos presentar no sólo la declaración de independencia, sino mostrar los programas, los proyectos, las realizaciones que cada cuál con su estilo respondiendo a sus características pero todos unidos en un propósito de integración y de fortalecimiento de nuestra independencia nacional.

Es el momento de darle las gracias al pueblo de Puerto Rico, porque Puerto Rico fue, ha sido, el campo de experimentación de eso que es una amenaza y un riesgo para nosotros. Martí lo habría explicado cuando la primera Conferencia Panamericana, cuando pretendían crear el primer intento de ALCA, de un mercado común, de una moneda común, de una economía común, eso le suena bastante a los puertorriqueños, todavía algunos siguen hablando de eso.

Los puertorriqueños han vivido un siglo bajo el ALCA, pero los puertorriqueños han dado para el resto de América Latina y el Caribe el ejemplo más fuerte, la mayor inspiración. Ahí está, una isla que preserva su identidad, su cultura, su idioma, un pueblo que cuando en otras partes del continente se privatizaba el aire y el agua supo salir a las calles y rechazar, en la colonia, aquella huelga famosa que causó admiración en todo el continente. No eran fáciles de encontrarlo en otra parte pero en Puerto Rico sí, una telefónica, la que no pudieron privatizar entonces. Y cuando en otras partes se iban a establecer bases militares, instalaciones de todo tipo, incluyendo prisiones secretas, los puertorriqueños los sacaron a los invasores de Vieques.

Y mientras en otras partes se nos quería hacer creer que nuestros hermanos boricuas eran un pueblo dócil que no sólo admitía sino que aplaudía el coloniaje fue de Puerto Rico que vinieron los ejemplos más altos de dignidad, de patriotismo ante todo por la figura tan importante para nosotros los cubanos y para todos ustedes, de don Pedro Albizu Campos; que no terminó con él, que se extiende, se multiplica, en ejemplos no sólo como el de Rafael, sino como el de esa bella combatiente, admirable hermana, que es Lolita Lebrón.

Y no hace mucho todos fuimos testigos de uno de los actos por una parte de expresión de la más descarnada represión. Quienes son capaces de hacer las torturas sistemáticas…, de Guantánamo, etc, son capaces también de ir cobardemente, una enorme fuerza militar desplegada, para atacar a un hombre, a un solo hombre que cuando cayó, no sé si será la clásica aversión a la cultura que tienen algunos políticos norteamericanos, pero cuando lo asesinaron fue el 23 de septiembre. Era como decirle a los puertorriqueños que Lares, el alma de Lares, el espíritu de Lares, viviría siempre. Que se reproduce en otros 23 de septiembre y que dará y seguirá dando un pueblo como ese, donde un solo hombre supo morir, compañero Filiberto Ojeda. Muchos Filibertos habrá.

Nosotros, los latinoamericanos, que nos empeñamos por consolidar nuestras respectivas independencias nacionales, por desarrollar la integración de nuestras economías, por promover la cooperación, que nos afirmamos en la creencia que repiten millones por todo el planeta de que otro mundo mejor es posible, no olvidemos nunca que es posible porque mucha gente se sacrificó, porque mucha gente persistió; y para nosotros los de acá especialmente porque un pueblo, el único que nunca ha alcanzado la libertad, el único al cual no pudimos llevar el mensaje que el libertador levantó en esta hermosa tierra, supo resistir y vencer.

No nos confundamos. Puerto Rico no es ejemplo de domesticación, de servilismo. Puerto Rico es ejemplo de hazaña, de heroísmo y de capacidad de llevar ese heroísmo y esa hazaña hasta la victoria. Por eso nuestra gratitud al pueblo puertorriqueño, a sus patriotas, a sus héroes y heroínas. Nuestra gratitud y nuestro reconocimiento a los compañeros de la Internacional Socialista y de la COPPPAL por haber contribuido a hacer posible este hermoso encuentro en el que, como se ha dicho con más de uno, nadie viene con una agenda propia, nadie tiene un interés particular que promover.

Aparentemente todos tenemos una gran prioridad, pagar nuestra deuda al pueblo de Puerto Rico y pagar nuestra deuda a Simón Bolívar e inspirarnos en ese pueblo que ya nos hizo el favor a nosotros de demostrar que la absorción económica, que la anexión, que el secuestro del espíritu nacional, por muy poderoso que sea el imperio, fracasará. Porque fracasó con la más pequeña de nuestras hermanas. Fracasó con la que quedó abandonada. Cómo no va a fracasar frente a una América Latina y un Caribe unido.

Por eso es que voy a terminar, por eso es que Rubén te felicito especialmente a ti y a todos los compañeros y compañeras del Partido Independentista Puertorriqueño. Nuestra gratitud a ustedes y a todos los puertorriqueños. Y aquí en Panamá, junto a Bolívar, unidos todos, volvamos a proclamar que ¡Viva Puerto Rico Libre!


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