Palabras inaugurales de Martín Torrijos Espino - Secretario General del PRD

CONGRESO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO POR LA INDEPENDENCIA DE PUERTO RICO

18 de noviembre de 2006

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Queridas amigas y amigos latinoamericanos y caribeños, Apreciadas hermanas y hermanos puertorriqueños:



Martín Torrijos, Secretario General
del PRD de Panamá y Presidente
de la República (Foto: Bas)

Reciban, en nombre del pueblo panameño una cálida bienvenida, y en particular de los militantes del Partido Revolucionario Democrático, una cálida y fraternal bienvenida.

Llegan en un momento especial para Panamá: hace apenas tres semanas se aprobó, por abrumadora mayoría ciudadana, la ampliación del Canal mediante un tercer juego de esclusas. Y la semana pasada, también por una amplísima mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Panamá fue elegida en representación de América Latina y el Caribe, como miembro del Consejo de Seguridad para el periodo 2007-2008.

Son dos expresiones de un mismo destino: el concurso de voluntades para llevar adelante grandes causas. La región se vuelve más competitiva con un canal ampliado, y América Latina y el Caribe ganan cuando pueden presentar ante un foro mundial una posición consensuada.

Sí. Panamá ha tenido una mención constante en los medios informativos internacionales y confío en que otra vez volverán la mirada hacia aquí, ahora que se trae al tapete, en un cónclave internacional de extraordinaria representatividad, la independencia de Puerto Rico.

La plena incorporación de Puerto Rico a la familia de las repúblicas latinoamericanas y caribeñas, tiene más de un siglo de estar presente en el discurso de casi todas las tendencias ideológicas y políticas de nuestra América.

Hace ya 23 años que este asunto se reitera en las resoluciones del Comité Especial de la Organización de las Naciones Unidas para eliminar el colonialismo. En el presente año, tal como en los anteriores, la resolución de la ONU sobre el caso de Puerto Rico volvió a adoptarse por consenso, es decir, sin oposición ni reservas de ninguno de los Estados miembros, lo que también significa que sin oposición ni objeciones norteamericanas.

El punto es que por un siglo nuestras aspiraciones sobre la independencia de Puerto Rico han sido parte de una deuda moral y cultural que se remonta a Simón Bolívar y José Martí, pero que hasta ahora no hemos sabido honrar. Entre otras cosas, porque este tema, como muchos otros, quedó envuelto en la retórica de la Guerra Fría.

Esa retórica enmarañó, una y otra vez, durante el siglo pasado la cuestión puertorriqueña, y nos la envió sin resolver al siglo XXI, cuando ninguna forma de colonialismo puede justificarse.

Pero ahora la situación es otra. La Guerra Fría quedó atrás y ya no tiene por qué contaminar nuestra evaluación del presente y el futuro. Desaparecieron las bases militares extranjeras, uno de los aspectos que afectaban la situación de Puerto Rico ﷓﷓así como en su tiempo afectaron la de Panamá﷓﷓. Con el cambio de los tiempos, la Isla del Encanto perdió el interés geopolítico o estratégico que antes se le atribuyó.

En ese contexto, la última resolución del Comité Especial de descolonización de la ONU ha vuelto a señalar que ﷓﷓cito﷓﷓ “el pueblo puertorriqueño constituye una nación latinoamericana y caribeña que tiene su propia e inconfundible identidad nacional”. Con base en esta verdad, una vez más dicha resolución llama al gobierno de los Estados Unidos a emprender un proceso dirigido a que el pueblo puertorriqueño recuperar el pleno disfrute de su soberanía.



Torrijos hace su entrada al Congreso
por la Independencia acompañado
de Rubén berríos, Presidente del PIP

El gobierno norteamericano ha sido sensible a ese llamado. Hace seis años, gracias a una gestión personal de Rubén Berríos ante la Casa Blanca, el Presidente Clinton creó un Grupo de Trabajo sobre el estatus de Puerto Rico y sus opciones, que posteriormente fue ratificada por el Presidente Bush.

En diciembre pasado, dicho Grupo presidencial dictaminó, finalmente, que el actual estatus puertorriqueño de Estado Libre Asociado es de naturaleza colonial y transitoria. Por consiguiente, estableció que mientras ese estatus persista la Isla debe quedar sujeta a los poderes del Congreso norteamericano, el cual deberá legislar para poner fin, de manera definitiva, a esta situación.

Pero eso tiene otras implicaciones. Mientras que varias instancias norteamericanas ya discuten la pertinencia y el remplazo del régimen puertorriqueño, América Latina y el Caribe todavía están ausentes del debate. Como bien lo recalcan las resoluciones de la ONU, Puerto Rico es una nación latinoamericana y caribeña y, en consecuencia, nosotros ﷓﷓la gran familia de las naciones latinoamericanas y caribeñas﷓﷓ no podemos ser indiferentes a esa discusión ni estar ausentes de ella. Por lo contrario, nos corresponde ser parte activa de su adecuada solución.

El encuentro que hoy se inaugura en un paso en esa dirección.

¿Por qué la Internacional Socialista, la COPPPAL y el Partido Independentista Puertorriqueño han preferido celebrar este Congreso aquí en Panamá? Precisamente porque este país es un importante ejemplo de cómo una controversia de origen colonial sí puede resolverse a través de una concertación pactada y de un programa o calendario de descolonización.

Ese ejemplo se lo dieron al mundo los Tratados Torrijos﷓Carter, a través de los cuales un conflicto entre una nación pequeña y una gran potencia se pudo resolver de común acuerdo, con el respaldo solidario de los hermanos pueblos de América Latina y el Caribe.

Aunque la actual situación haya tenido determinados responsables históricos, ya no se trata de usar el tema de Puerto Rico para redoblar denuncias antiimperialistas sin resolver el problema de fondo.

Y el problema de fondo es que Puerto Rico es la única nación hispanoamericana que permanece bajo régimen colonial. Para los latinoamericanos, corregir para siempre esta anomalía debe ser una cuestión de principios y una prioridad continental. Lo que toca es acordar lo necesario para materializar el derecho puertorriqueño de constituir una república independiente.

En el siglo XXI, el estatus de la Isla se ha vuelto un problema, tanto para los borinqueños y los norteamericanos, como para América Latina y el Caribe. El declive del la economía productiva de Puerto Rico es consecuencia de esa distorsión y de la eliminación de las bases militares.

Pero la solución no es plantear ahora la repentina proclamación de una república independiente que no tenga debidamente asegurada su sustentabilidad, ni garantice el bienestar de su pueblo.

Antes bien, de lo que se trata es impulsar un diálogo hemisférico sobre este tema, a fin de concertar cuanto antes un programa de transición que ﷓﷓de una vez por todas ﷓﷓ solucione ese problema de manera igualmente digna y eficiente para todos los involucrados. América Latina puede ofrecer sus buenos oficios, alentar ese acuerdo y ser garante del cumplimiento y la sostenibilidad de ese programa.

Queridas amigas y amigos:

Estas son apenas unas ideas en borrador y es a ustedes a quien les toca completar y profundizar en el tema, y construir las propuestas del caso. Hay que dejar atrás el muro de las lamentaciones. La consigna debe ser aportar propuestas realistas para resolver el problema de fondo, y comprometer nuestra solidaridad permanente en ese esfuerzo.

Gracias por venir a Panamá para materializar esa esperanza. Que tengan ustedes unos días felices y provechosos en Panamá.

Muchas gracias.


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