Mientras todos celebran, el Partido Independentista Puertorriqueño[1]
se reinscribe para la lucha
4 de enero de 2009
Maximino Rivera López*
Cuando
existe una crisis que nos agobia es entendible la
tendencia a buscar solaz en la esperanza por mas
injustificada y fantasiosa que esta sea. Es de esta
forma que la “opinión pública”- ese abstracto, confuso y
muy a menudo irreal constructo de nuestra imaginación
colectiva- se ha aferrado a los primeros días del nuevo
cuatrienio al espectáculo de las inauguraciones buscando
en la ebriedad de la ceremonia y la –en esta ocasión
modesta- pompa algún escape de las funestas
premoniciones del futuro inmediato. Se multiplican
titulares optimistas, coloridos y llenos de “esperanza”.
Se habla de sacrificio, de trabajo en conjunto, de
unidad y se apuesta a que, a fuerza de operativos de
relaciones públicas, la percepción del pueblo de su
realidad cambiará y que los medios harán una vez más su
magia, convirtiendo en dulce vino las amargas aguas de
la crisis para saciar a un pueblo sediento de buenas
noticias. Después de todo, ganó la opción de la clase
dominante que representa también los intereses
económicos de los medios y el juego en equipo comenzó
ya.
Todos
celebran. El partido que ganó celebra la instauración de
una nueva generación de absoluto dominio político que
permitirá el tan ansiado banquete total. Los medios
coloniales de prensa celebran el monumental logro de
haber debilitado electoralmente la independencia
mediante una astuta conspiración en la que participaron
todos los sectores de una forma u otra. Los populares
estadistas celebran el retorno al control del PPD y la
demostración de la insensatez electoral de tratar de
ganar votos con discursos de soberanía por más hueco e
ilusorio que este sea. El PPR celebra su demostración de
que se puede montar un negocio rentable mediante una
franquicia política sin ideología, sostenida con pura
demagogia y bonitas campañas de imagen. Hasta los
“independentistas” anti PIP celebran su logro de haber
propiciado mediante una inclemente campaña de
canibalización y colaboración en la conspiración en
contra del partido de la independencia la pérdida de no
solo su franquicia electoral sino de también su
representación legislativa. Incluso algunos elementos
internos del PIP han aprovechado para expresar
públicamente su declaración como chivos expiatorios a
Rubén y la independencia.
Todos
celebran, menos el PIP. Calladamente dimos la batalla
para que se respetara nuestro derecho constitucional a
asociarnos libremente y reclamar la inscripción
inmediata del partido. Este proceso- más difícil por la
influencia innegable de la campaña de asesinato de
reputación tan eficientemente estructurada por el
entramado colonial reseñado arriba- de todas formas
avanza a pasos agigantados por la fuerza de voluntad de
quienes creemos de verdad en la independencia y que no
la consideramos un carimbo o una luz que deba mantenerse
solapada bajo la mesa so pena de asustar a los
timoratos.
No
podemos celebrar porque insensatamente el voto popular
se expresó a favor de acelerar el paso hacia el
despeñadero. En Puerto Rico se voto por la adopción del
mismísimo modelo económico y político que ha reventado
la burbuja del capitalismo transnacional mundial- o más
precisamente, por la continuación de las políticas
conservadoras neoliberales que implantó la pasada
administración con el agravante que ahora la soga
apretará más fuertemente el cuello de los trabajadores.
El Comité de Reconstrucción del Gran Capital no ha
dejado lugar a dudas de cuál será la naturaleza de sus
ajustes- mayor desregulación, privatización y exenciones
del pago de contribuciones para los ricos y mayor carga
para los trabajadores. Es solo mediante un egregio acto
de estulticia colectiva que un pueblo puede haberse
dejado vender semejante ofertorio fraudulento –
especialmente cuando son sus propias costillas las que
seguramente recibirán los azotes. Este es el efecto
pernicioso de la dependencia: propiciar el sentimiento
que con el progreso de la clase privilegiada los
trabajadores de alguna forma recibirán – aunque sea en
forma vicaria y fantasmagórica- el beneficio de unos
indicadores económicos más halagadores, un crédito más
fácil y – por supuesto- unos titulares de periódicos más
alentadores. Tiene mucho de loco el que crea que las
políticas de la saliente administración republicana
tendrán el efecto contrario aquí del que tuvieron allá.
Recordemos que por más ríos de tinta que corran, la
realidad no es tan maleable como la percepción y que la
primera es la que queda cuando la segunda desaparece
ante el embate del desamparo. Habrá que ver cuánto
tiempo le compran a Fortuño las rosadas primeras planas
de El Nuevo Día.
Tampoco
podemos celebrar que a pesar del advenimiento de la
sociedad del conocimiento a nivel mundial, en Puerto
Rico todavía en términos políticos creemos que la tierra
es plana y que para tener un adecuado desarrollo
económico es necesario permanecer en subordinación
política a la metrópoli. Más de doscientas
jurisdicciones alrededor del mundo han optado por la
independencia como vehículo para propiciar un desarrollo
económico saludable y robusto y han sido inmensamente
exitosas. Irónicamente el elector puertorriqueño
prefirió creerle al que le dijo que con el plano
económico de Bush el idiota se salvará la economía de la
isla. Prefirieron creerle también al tahúr que pretendió
tomar de banca de azar político para salvar sus huesos
de la cárcel el escaso haber del pueblo. Increíblemente
hasta prefirieron creerle al demagogo consumado que les
vendió la idea de sustituir la gasolina con hidrógeno
producido por energía solar y que convenientemente
olvidó mencionar que para lograrlo tendría que cubrir
cada pulgada del territorio nacional con paneles
solares. Incluso algunos le creyeron al vetusto líder
“independentista” que predicó con paradójico éxito la
teoría de que el voto por el PIP no era un voto por la
independencia- lo que consecuentemente fue interpretado
por algunos electores independentistas como que un voto
por Fortuño no era un voto por la estadidad llevándolos
a votar por este último para derrotar definitivamente al
incumbente. Irónicamente a quien no le creyeron fue al
más importante catedrático en economía en Puerto Rico,
graduado de una de las mejores universidades del mundo,
que casualmente escribió el libro de texto que se usa
para estudiar la economía del país en las universidades
y que expuso elocuentemente y con claridad a lo largo de
todo el país por dieciocho meses la que es sin duda la
propuesta más viable y lúcida en el escenario económico
mundial actual y el que seguramente le dirá con razón de
sobra al país en el futuro “lo advertí”.
No
podemos celebrar los Pipiolos cuando se sobrepuso el
canibalismo de grupos supuestamente independentistas que
consideran que la única forma en que pueden descollar
políticamente es participando en conspiraciones
mediáticas para difamar al PIP con el propósito de que
esta gloriosa formación política desaparezca para hacer
una casita con sus tablas- olvidan que botan el bebe de
la independencia junto con el agua “sucia” del PIP.
Otros, por pura mezquindad y personalismo, atacan al PIP
por atacar a Rubén[2]
y quisiera que me dijeran cual ha sido el pecado de
Rubén otro que no sea la defensa cabal del ideal a
sangre y fuego toda su vida. Aún otros –especialmente en
los medios radiales de opinión- acuden a una mediocre
superficialidad que cumple con los objetivos demagógicos
de manipular la opinión pública pero que deja en clara
evidencia su patente imbecilidad- y la de los oyentes
que le creen. No podemos celebrar cuando el asedio
concertado y consistente por todos los flancos ha
producido un repliegue insensato de las fuerzas
independentistas del plano electoral. Esto es así puesto
que el PIP ha participado y continuará participando de
todas las luchas de pueblo que sean justas por lo que es
necesario que se fortalezca cada día más para enfrentar
los retos que presenta la imbecilidad poderosa de la
extrema derecha y sus acólitos incidentales y la
fortaleza electoral es un elemento fundamental para el
éxito de esta lucha. De todas formas, con la sobriedad
del que sabe porque lucha y está dispuesto a darlo todo
en la batalla nos inscribiremos y atacaremos la colonia
con todas nuestras fuerzas hasta prevalecer en nuestra
lucha por una patria libre y soberana: entonces podremos
celebrar.
*El
autor es maestro de inglés en la Escuela Superior Urbana
de Maricao, Presidente del Comité Municipal del PIP en
Maricao y Presidente de la Unión Local de Maricao de la
Federación de Maestros de Puerto Rico.
[1] El
Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) se
fundó en el 1946 para luchar por medios
pacíficos por la independencia de Puerto Rico
que, bajo el nombre oficial de Estado Libre
Asociado, continúa siendo una colonia de Estados
Unidos. Durante su trayectoria de vida y lucha
ha participado en todos los eventos electorales
de la Isla. En varias ocasiones anteriores, así
como en los últimos dos comicios de 2004 y
2008, perdió su franquicia electoral por
no haber
sobrepasado el mínimo de votos requeridos por
ley para quedar inscritos como partido político,
teniendo que pasar por el proceso de
reinscripción.
[2] Rubén
Berríos Martínez es el actual presidente del PIP.
A raíz de la muerte en 1968 del presidente
fundador del partido, don Gilberto Concepción de
Gracia, se reorganizó el estructura del liderato
del mismo instituyendo una presidencia
compartida por un periodo breve. Luego de los
álgidos conflictos que se produjeron como
consecuencia de los diferentes enfoques,
visiones de la lucha y del rumbo que se debía
seguir, hubo otra reorganización en la que salió
electo como único presidente Rubén Berríos
Martínez, quien con el apoyo de la militancia se
ha sostenido en ese puesto hasta el presente.
La
segunda reestructuración del cuerpo directivo
del PIP causó la salida de varios miembros del
liderato, algunos de los cuales, fungiendo de
independentistas, se han unido a
las voces de los enemigos de la independencia y levantan
críticas contra el partido cada vez más severas
y mal intencionadas, que resultan en el
debilitamiento del PIP y el fortalecimiento de
los partidos políticos que sostienen el sistema
colonial actual.
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